Vigencia de la filosofía de Rodolfo Kusch

Ana Zagari

Profesora emérita Universidad del Salvador

Miembro de la Cátedra de Pensamiento Latinoamericano

e Integración Regional "Manuel Ugarte" (ICLA-UNR)


Aportes para pensar el presente


La tradición de la filosofía argentina que comienza con Juan Bautista Alberdi tiene, en el siglo XX numerosos exponentes que forman parte de la filosofía latinoamericana.

La comprensión de nuestro presente va indisolublemente unida a nuestra historia: en nuestro caso, historia de las ideas, del pensar y de la influencia que tienen en la acción y la constitución de nuestra patria. La intrínseca relación entre filosofía y política se remonta a los orígenes de ambas, en la Grecia clásica y se continúa como reflexión y acción jurídica con el derecho romano. Desde que la filosofía apareció en el mundo helénico se dio como un pensamiento en y de la polis. Kusch pone en escena esa vinculación existente desde los orígenes y que muchas veces en nuestras academias se escamotea.


Su obra abarca los problemas centrales que padeció el siglo XX y que siguen presentes en el nuestro: las injusticias sociales, la invisibilización de pueblos enteros por parte de muchas de las elites de la oligarquía cuando son gobierno, el desapego de la parte de las clases medias urbanas (aunque Kusch solo mencione a la porteña) por los los que son diferentes en color, posición social y cultura. Y, a pesar de que hoy el término globalización es el que suple o encubre ideologías del neoliberalismo, es a ese pensaminto único, blanco, europeizante (ahora “Miamizante”, si se me permite el neologismo) con el que discute Rodolfo Kusch en su lenguaje y que nos sigue posibilitando acudir a él para comprender este presente en el que parece que los estados nacionales ceden a los buitres, peores aún que el famoso lobo hobbesiano.


Pueblo y ciudadanía.


En toda su obra tanto teórica como de investigaciones de campo, hay un hilo conductor que sigue el curso de la cultura material de los pueblos y de su producción simbólica. En ese seguimiento el rasgo que descubre Kusch en todos las comunidades con las que compartió su vida y sus ideas, es el rasgo de la asociación entre la creatividad inmanente del pueblo y quienes, desde la actividad política, se hacen cargo de las construcciones, los símbolos y los pareceres del pueblo. Hablando de pueblo

…ante todo es un símbolo … todos somos pueblo.[1]


El pueblo es un nombre abarcador, da cuenta de una pluralidad. Sería el sujeto de una nación. Y no es sinónimo de ciudadanía que es el conjunto de un pueblo que cumple con ciertas características descriptas en la constitución: por ejemplo ser nativo o nacionalizado, ser mayor de edad, hasta 1952 ser hombre, tener la capacidad de elegir y ser elegido. Incluso cuando se pasan los 70 años de edad ya no hay obligaciones de índole jurídica, pero estos mayores siguen formando parte del pueblo. Pueblo es opuesto al Uno: la masa del pueblo, la multitud, diferente en términos de filosofía política de lo que es el ciudadano, con características de universalidad.


El pueblo sería más bien la raíz misma desde donde se llega a la ciudadanía, pero no es idéntica a la ciudadanía, y se construye desde una razón popular que tiende a reconocer en el suelo cultural, a las masas desprotegidas por las instituciones liberales, a su sujeto, lábil, móvil, contradictorio y por eso mismo, plural, mezclado, pero aunado en sus demandas por la justicia social.


El aporte de la filosofía de Rodolfo Kusch radica en la vinculación intrínseca que tiene la cultura de nuestros pueblos con los procesos políticos populares.

En nuestro caso la identificación de las culturas y de los pueblos –urbanos o rurales- más desprotegidos por las políticas liberales y neoliberales, con políticas populares, fundamentalmente el peronismo, se comprende porque han imbricado sus proyectos con la posibilidad de recuperar la dignidad de los más vulnerables. Esto es lo que destaca Kusch en su obra y por lo cual fue perseguido por la dictadura militar de 1976 y expulsado de la academia.


La antropología filosófica para América


En el prólogo del Esbozo de una antropología filosófica americana [2] se propone diseñar una antropología propia “Sobre la base de experiencias e informes brindados por gente de pueblo” e inmediatamente anticipa una aproximación al nombre pueblo identificándolo con el concepto de lo masivo, lo segregado y arraigado a la vez, lo que es opuesto a lo uno, es decir que pueblo siempre refiere a formas culturales.


Con una fuerte impronta heideggeriana, redefine la cuestión del ser y el estar, responde a su lectura diferenciada de las filosofías tradicionales y pone en juego la producción cultural de América. Y nos anticipa la contradicción que se tiene frente a este nombre: el pueblo resignifica al ego, al yo. No es el yo el protagonista y hacedor de la cultura, es el pueblo como comunidad el que produce formas culturales, materiales y simbólicas. El yo está supeditado al entramado cultural en el que se da. Para la tradición moderna que en gran parte se ha impuesto en nuestro pensar, el Yo es el que da la existencia y el que, convertido en sujeto trascendental diseña las estructuras del pensar. El “afuera” del yo es una masa informe de datos que solamente el sujeto puede organizar, clasificar y valorar. Este sujeto trascendental es uno y universal. Por lo tanto, en ningún momento se tiene en cuenta que diversas formas culturales puedan incidir en su constitución. Sin embargo, aunque de manera tácita la Modernidad se apoya para diseñar a ese sujeto en su propia historia y en una decisión estratégica que elige decir cuál es la cultura europea desde la antigüedad hasta la modernidad. Para ello hegemoniza un relato filosófico y deja de lado muchas manifestaciones de la cultura que contradigan el modelo elegido. Un ejemplo de ello es Heidegger, que vincula el origen griego y su presente alemán con un único hilo conductor que deja afuera toda la cultura latina. Kusch lo ha trabajado, aunque también lo ha distorsionado en una lectura fenomenológica que, reconociendo sintagmas heideggerianos como ser-con y estar-siendo entre otros, pone en el centro de su filosofía ejes culturales que abren a un pensar plural y se aleja de la configuración europea de la filosofía. Porque aun cuando el propio Heidegger rechaza las filosofías del ego y del sujeto, queda anclado en la misma perspectiva ontológica que él discute. Por ello es que Kusch crea el nombre geocultura, e identifica desde un inicio, geocultura con campo popular.

Diversos ejes que confluyen en la definición de geocultura como sinónimo de campo popular. Denomina ejes geoculturales al Litoral, los Valles Calchaquíes y Cuyo como los tres originarios. Después ya en la mitad del siglo XX, surge el de Buenos Aires, que confluye a través de un fenómeno de revuelta y asume una serie de demandas populares en el movimiento peronista, debilitando la concepción unitaria porteña.


Identifica nacional con popular. El antagonismo de esa cultura nacional popular es para Kusch lo que denomina el eje geocultural de Buenos Aires, con su concepción unitaria y europea de construcción nacional, hasta que aparece en el espacio público de la ciudad, el peronismo. Estos antagonismos permanecen: la vertiente del unitarismo y de los liberalismos de las clases dominantes y, más recientemente, del neoliberalismo que, por querer minimizar el Estado a favor del mercado, replican la concepción de la primacía de una clase burguesa, oligárquica que se aleja de las demandas populares. Hoy, dos ejemplos recientes que Kusch no vió pero que podemos analizar desde su antropología, son los gobiernos neoliberales del menemismo y el intento de recuperar dicha supremacía a partir de diciembre de 2015.


Lo que desestiman las políticas neoliberales que priorizan al mercado, máscara de los sujetos del poder concentracionario, es que “una antropología a partir del silencio lleno del discurso popular, basada en la ausencia del saber de lo que es el hombre, se ubica al margen de una definición del hombre” (Kusch, 1978).

Figuras del equilibrio del estar: el manosanta, Perón, Evita

Por ello al pensar “América”, si bien toma el pensamiento heideggeriano, no piensa el ser de la misma manera que lo hace Heidegger. Elige la otra concepción que nos ofrece nuestra propia lengua castellana: ser/estar; el estar, como instalación es el modo de definir América.


Para Kusch el estar será un modo de relación con el mundo, en las dimensiones de lo sagrado y lo profano, lo común y el individuo, la autoridad religiosa y política, la circulación de los bienes, distinta a la concepción capitalista de la circulación de las mercancías, etc.

Es en ese orden que la aparición del peronismo como movimiento de reivindicación de los de abajo es mirado y escuchado por Kusch como componente fundamental de comprensión de nuestra cultura, aún en sus grietas. En su Esbozo… analiza el discurso de una informante cuando en su lenguaje es capaz de diferenciar la cultura del contrato de la cultura de la comunidad. En esta última Kusch encuentra formas de cuidado del conjunto desligadas del conocimiento universitario y próximas a las creencias de esa comunidad. Se habla, por ejemplo del manosanta que influye como un otro misterioso, semejante a Jesús dice la informante, en la cura de los pobres.[3] Si nos detenemos por un momento en esta palabra, cura comprendemos que en el ejercicio de la autoridad de ese otro se juntan el cuidado del cuerpo y del espíritu. Ya que curar es sinónimo de cuidar la diferencia con la cultura llamada occidental es que en las culturas estudiadas por Kusch no hay división entre la cura del cuerpo (que en nuestro caso está reservada al médico) y el cuidado del alma (que, nuevamente en nuestro caso está reservada al sacerdote, al rabino o… al psicoanalista). Lo importante es señalar que el papel del manosanta unifica en su persona la capacidad de curar cuerpo y espíritu, porque no existe la tajante división de las 2 sustancias como ha enseñado la filosofía cartesiana, la extensión –cuerpo- y el cogito, el pensar.


Otro signo importante es que el manosanta se vincula con los pobres, los abandonados.

La característica del abandono pareciera radicar en una pasividad del pobre en tanto no puede gastar, no puede curarse y está siempre imposibilitado. (Kusch, 1978)

Esto se contrapone con la abundancia de medios y de instrumentos de los ricos. Ellos en su desmedida abundancia y en su falta de sacralidad desequilibran el suelo. Solo quieren sacar provecho de la tierra y de su fecundidad, sin cuidarla. El desequilibrio que se presenta en sequías, inundaciones, plagas, etc. son manifestaciones de la ira de Dios. La eficacia del manosanta es solo con los pobres, porque los ricos son refractarios a su saber, ellos tiene un único objetivo: aumentar sus ganancias. Con los pobres el manosanta establece contactos no instrumentales, mediante la proximidad: mira, toca, habla y así, cura. Al rico no le interesa esta forma de ejercicio de la proxemia y no cree en el poder ni en el saber del manosanta.


Qué relación existe entre el manosanta y Perón? Dice Sebastiana, la informante del Esbozo, que el equilibrio está garantizado por Perón porque él “da la ley pareja p’al pobre que también necesita” (Kusch, 1978). El gobierno tiene que garantizar una economía para todos: el rico no quiere la justicia social. Fue Perón quien escuchó a los pobres. Pobres en este sentido es sinónimo de pueblo, los ricos no son pueblo. Y Evita los abrazaba, los miraba, los cuidaba. Al caer el peronismo, nuevamente el pobre siente la indefensión.

“Desapareciendo Perón incide el castigo de Dios, se producen revueltas o sea que irrumpe el desequilibrio cósmico en la sociedad.” (Kusch, 1978). Desequilibrio por que, al desaparecer Perón, desaparece la justicia social que, en el caso de Sabastiana puede ser leída como justicia cósmica: el peronismo aglutina lo divino y lo humano y acomuna a los pobres, al pueblo. Esto de ninguna manera significa que en el peronismo no haya contradicciones, pero éstas conviven o se resuelven en una lógica diferente a la del silogismo. Hay una dialéctica capaz de mover desde lo inconsciente hasta el concepto, desde la pasión hasta la poesía, desde la reivindicación por las demandas hasta la escritura de la constitución de 1949, paradigma de una carta magna inclusiva que anticipa jurídica y políticamente temas de la agenda contemporánea como la ecología, los derechos ahora llamados de tercera generación, y los derechos de siempre: al trabajo, a la vivienda, a la tierra. También el cuidado de la infancia que en todas las plazas se explicaba con la leyenda “los únicos privilegiados son los niños y los mayores deben cuidarlos” No son los privilegios que se arrogan para sí lo ricos.


La filosofía de Kusch mantiene la decisión estratégica respecto de que la filosofía es pensar político. La decisión por lo americano, por un conocimiento que no es el conocimiento oficial, es político en el sentido de poner en el pensar el estar juntos, el vivir juntos como el suelo que, siempre en tensión y en conflicto puede lograr el equilibrio o ser desequilibrante, es decir nefasto, violento. El equilibrio es lo que plantea la informante Sebastiana, algo muy semejante a la justicia social. El desequilibio se asocia con las estructuras del poder financiero, judicial, político que hace oídos sordos a las demandas del pueblo, que pretenden borrar la dignidad de los pobres y de los que son mas vulnerables, haciendo del gobierno un gobierno para pocos.


Quiero detenerme en el gerundio que usa Kusch en la cita sobre la desaparición de Perón. Para la historia argentina, a partir de 1976, desaparecer significó, en palabras del dictador Videla, no estar ni vivos ni muertos. Los desaparecidos, militantes, obreros, intelectuales, madres que buscaban a sus hijos eran parte del pueblo. En 1955, la desaparición de Perón también tuvo que ver con desaparecer cuerpos, con fusilar, con no poder mencionar los nombres de Perón y Evita, con no poder contar con sus imágenes o con tenerlas a costa del silencio. La pregunta es si en Argentina la oligarquía sabe que solamente mediante la desaparición es posible que sigan en el poder. Aún en democracia hoy la pregunta es hasta qué punto las definiciones políticas del bien y del mal, concentran en el peronismo el mal radical, por ejemplo en la reunión del presidente Macri con el Premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa del 4 de mayo de 2016, en la que el escritor le asigna al peronismo ser la causa de la tragedia argentina y se esperanza con el gobierno del frente Cambiemos.


El diálogo intercultural e intracultural: Preeminencia del estar y del estar-siendo

Otro núcleo clave de la antropología filosófica es el planteamiento de lo que parece una dicotomía inhabilitante para pensar América: dicotomía entre la ciudad y lo rural. Para Kusch esa dicotomía no es antagónica, hay que trabajarla como condición de posibilidad para comprender el sentido de nuestra cultura que en nosotros no es ni “ciudad europea” ni “selva negra”. Por el contrario, plantea el diálogo como problema intercultural, pero no lo descarta. El diálogo conlleva el problema de la opacidad de los hablantes, en tanto provienen de estilo diversos. Y de aquí se desprende el tema del mestizaje americano, tanto como la posibilidad de leer lo propio como imbricación o como diálogo intracultural. El mestizaje, que en el pensamiento de Kusch pierde su connotación negativa, produce la novedad y genera nuevas formas de estar en el mundo. Pero ese diálogo no es el de la representación democrática, es el diálogo de la pasión, de los conflictos, de la imaginación y de una forma de elaborar los conceptos que convive con las pasiones.


En la antropología filosófica americana ser pueblo es reconocerse en los márgenes de la cultura oficial, en sus fronteras, en sus límites.


Kusch es un pensador de extramuros, elige la frontera para pensar el fundamento de una forma singular y dinámica. Privilegia el estar por sobre el ser como “modo propio de hacer mundo en el pensamiento ab-origen”, y su categoría fundante es el espacio, el “estar-de- pie” o instalado en el mundo. La extemporaneidad de la que habla Kusch es una dislocación del espacio que él piensa como suelo, como lugar de la ritualización de los dioses, como suelo milenario que no es ni la ciudad ni el campo. Suelo de culto que simboliza. De aquí se desprende la eficiencia del símbolo que mantiene viva la memoria de lo sagrado, que el conocimiento científico-técnico occidental desterró, a favor de una metafísica entitativa y de dominio. Cultura ya no será exclusivamente la “europea inmigratoria” sino una cultura cuyo suelo es más plural, una geocultura. La categoría de Geocultura en Kusch expresa una voluntad de dislocación, de torsión, relacionada con el concepto del confín, la frontera, el margen, que nos recuerda la banda de Möebius donde no hay adentro ni afuera definidos.


Cuando Kusch organizó sus investigaciones y pensó “América”, el mundo estaba dividido en un primero, un segundo y un tercer mundo. El los años 80 y 90 hay un resurgimiento de un monoculturalismo, de un pensamiento único. Dicho pensamiento, aún sabiendo que se conduce al fracaso, recupera la cuestión del “bien contra el mal”, de la “verdad contra la falsedad”, de “la guerra santa contra la guerra absoluta y hasta la guerra preventiva”. Las nociones que Kusch destaca positivamente como: la geocultura, pluriculturalismo, populismo y “estar-siendo”, “mestizaje” permiten repensar, en la actualidad, el problema que presenta la globalización.


En la confrontación con el paradigma de la globalización, la categoría de geocultura recupera la virtud de ser nosotros mismos, y trata de disolver el miedo o la vergüenza que nos impele a negarnos como sujetos constituidos no sólo por lo europeo. Si bien la globalización es pensada con su par contrario: global/local, la categoría de geocultura dice mucho más que local. Porque la globalización es un proceso de expansión económico-financiero-militar que niega las diferencias culturales o las incorpora mediante la fuerza y que trata de despolitizar a los ciudadanos, en virtud de una política de mayor hegemonía. En ese sentido, local sería la singularidad del proceso de globalización, mientras que geocultura puede pensarse como una categoría alternativa a la del progreso técnico-guerrero propiciado por el pensamiento único del capitalismo financiero.


La complejidad de la trasnacionalización del poder económico-financiero impone valores como los de calidad total y competitividad, no solo para los productos sino también para los procesos.


Lo bueno consiste en acercarse a la ecuación alta calidad con bajos costos desde el paradigma de la globalización. (Zagari, Gonzalez, 1997)

Una familia de nociones como las de geocultura, pluriculturalismo, populismo , mestizaje, “estar-siendo”, permiten repensar, en la actualidad, el problema que presenta la globalización guerrera y economicista.


La decisión por el pensar americano es geocultural. Es por un conocimiento que no es el oficial, es una “apuesta” en el sentido pascaliano, una apuesta a aquellos que aparecen como un “resto”. La apuesta a una cultura que está en los márgenes, siendo y actuando sus propios valores en la estrategia de acentuar la comunidad más que el contrato social. Sólo los movimientos populares, en nuestro caso fundamentalmente el peronismo logran poner en el centro lo que por derecho de mayorías es equilibrio político.


Es innegable la vigencia de la filosofía kuscheana. Dado que el tiempo no es lineal ni progresivo, dado que es posible el tiempo sobredeterminado capaz de actualizar formas del pasado que parecen ya superadas, también es posible pensar que nunca se vuelve al mismo lugar y que la densidad del presente “acarrea” los pensares, las luchas, las resistencias y los logros del pueblo. Volver hoy a Kusch es parte del acervo cultural que está en la serie de todas la formas de la cultura del pueblo, aun las que hoy permanecen latentes.


[1] KUSCH, RODOLFO. Esbozo de una antropología americana. Buenos Aires, Ediciones Castañeda, 1978, p.7.


[2] Kusch, Rodolfo. Esbozo de una antropología filosófica americana. San Antonio de Padua, Ediciones Castañeda, 1978


[3] Kusch; R. Op.cit, pp. 28 y ss

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