La Nación Latinoamericana en el ideario de Alberto Methol Ferré



1.Semblanza a modo de introducción


Alberto Methol Ferré (Montevideo, 31 de marzo de 1929 – 15 de noviembre de 2009) fue un intelectual, escritor, periodista, docente de historia y filosofía, historiador, filósofo y teólogo “argentino oriental”, como se definía a sí mismo. Fundó en el año 1955 la revista Nexo (1955-1958; 1983-1989), al calor de la integración sudamericana. Fue un hombre de pensamiento y de acción: un intelectual-político como él mismo señalaba. Fue un gran educador de y por la Patria Grande y un hombre involucrado con el Estado uruguayo en las temáticas de integración. Para aquellos que valoramos la envergadura de sus ideas en torno a la integración regional lamentamos que la Academia y gran parte de la intelectualidad sudamericana hace oído sordo o esquiva el gran aporte de este notable pensador.


Sin lugar a dudas Alberto Methol Ferré o “Tucho” como era más comúnmente conocido fue un pensador completo y complejo -no por tener una sintaxis o expresiones cripticas- sino por su forma de atravesar y dimensionar las diferentes situaciones problemáticas que investigaba, enseñaba y militaba. Atento a esto es que no lo podemos encasillar solo como un gran teólogo, un geopolítico, escritor, periodista, docente o historiador, él era todo eso, sí, y mucho más.


La raíz de su nacionalismo latinoamericano tiene un origen determinante en las figuras de Luis Alberto de Herrera y Eduardo Víctor Haedo. Al primero lo frecuentó y del segundo fue su secretario, y través de ellos, con su militancia joven en el Partido Nacional, desarrolló una base política centrada en la solidaridad Hispanoamericana Continental. En los núcleos Herreristas se entronca ya desde muy joven con las lecturas de las obras de Víctor Raúl Haya de la Torre, primer teórico de los movimientos nacionales populares en América Latina (y fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana-APRA), y con el cuestionamiento y rechazo a los intentos de instalar bases norteamericanas en el Uruguay.

Alberto Methol Ferré siempre decía que antes de hablar de la integración de América Latina, debemos comprender los motivos de su desintegración. Si entendemos las causas y razones por las cuales América Latina se desintegró, seguramente pondremos las bases para vislumbrar las exigencias más candentes para realizar su integración actual. Es así como la cultura latinoamericana, el pueblo latinoamericano requiere para su autoconciencia gestar también su "conciencia geopolítica". Dejar de sentir sólo sus fragmentos, y también "totalizarse". Unirse, Y la unidad como realización práctica, comienza en la cabeza, en la inteligencia. Para liberar a América Latina hay que conocerla, tener una perspectiva de ella no abstracta, sino “aterrizada”, “situada”.


2. Latinoamérica en la historia universal según Methol Ferré


Si se pretende realizar un abordaje completo del fenómeno de la (re)integración latinoamericana desde el ideario de Alberto Methol Ferré, es preciso bucear en la enorme cantidad de artículos, conferencias y libros de su autoría. El profuso legado en la materia que nos dejó el pensador argentino-oriental -como se autodenominaba- está vertebrada por una elaborada y original perspectiva historiográfica. Para Alberto Methol Ferré -la historia- era una asignatura ineludible para trazar el horizonte de Nación Latinoamericana.

Es Alberto Methol Ferré, a mi entender, quien inaugura una forma particular de concebir y sistematizar categorías, marco epistemológico y criteriologías que marcaron la historia política latinoamericana en materia de integración y hasta me aventuro a sentenciar que se podría considerar como el padre de la corriente historiográfica rioplatense que nos habilita a problematizar el pasado y el devenir de nuestra América mestiza.

Habida cuenta de lo señalado en el precedente párrafo, si tuviéramos que sistematizar cronológicamente los diferentes sucesos históricos que marcaron la historia latinoamericana desde la perspectiva metholiana, en primer lugar nos encontramos con lo que él denominaba “el proceso de globalización autoconsciente luso-castellana”, pasando luego al período de quiebre del bloque histórico hispano-portugués y el fenómeno independentista con la consecuente conformación de las Polis Oligárquicas y el dominio británico para luego llegar al siglo XX con la aparición de la generación 900 y la influencia que ese sector intelectual ejerció en el grupo de dirigentes que conducirían los denominados movimientos nacional-populares hasta llegar, en último término, a la corriente cepalina de base economicista y desarrollista con el argentino Raúl Prebish como representante más destacados.


3. Núcleo básico de irradiación: Argentina y Brasil, Perón y el proyecto ABC:


Es preciso comenzar este apartado con una pregunta esencial ¿La Unidad puede partir de cualquier parte de nuestro mapa? Si el criterio se centraría en datos estadísticos, tasas de crecimiento y criterios demográficos y siempre considerando que la unión se hace a partir de los Estados fuertes, se debería comenzar por establecer el núcleo de aglutinación por Brasil y México. Pero Alberto Methol Ferré objetaría este tipo de pensamiento, él señala que si bien el país hispanoamericano más grande de lengua castellana, es México, tiene grandes condicionantes, por un lado, la gran frontera latinoamericana con Estados Unidos -el gran antemural defensivo de América Latina- y por otro lado su posición geopolítica, que le imposibilita ser el principal eje dinamizador, a pesar de ser el país hispanoamericano más poderoso. No por lo mencionado se descarta un rol importante en la unidad, pero no puede ser punto de partida de la integración.[1]


Nuestra política latinoamericana sólo existe si hay estrategia, es decir, si sabemos cuál es el camino principal y cuáles los secundarios. Si no hay una idea nítida de cuál es mi hoja de ruta fundamental o principal el resultado sin lugar a dudas es el fracaso sin más. A modo de ejemplo, si España, Italia y Portugual se unen no hay Unión Europea, no hay nada. Pero si se unen Alemania y Francia, esa es la Unión Europea desde el nacimiento. Porque son los dos países que hundieron a Europa en dos guerras, son los únicos capaces por su índole y de hecho la alianza franco-alemana es la inventora de la Unión Europea. [3]

Si nos situamos en Latinoamérica, en especial en América del Sur nos encontramos con la importancia que cobra para la Unidad, la Cuenca del Plata, que, si bien ha sido el punto más conflictivo entre Brasil y los hispanoamericanos desde el siglo XVII hasta el siglo XIX, hoy se trasmuta aquella zona de conflicto en base de integración para Argentina y Brasil. Esta es la alianza estratégica que Perón en sus escritos llamaba “el núcleo básico de irradiación”. Si logramos articular Brasil y Argentina, ahí generamos la unidad de América del Sur, esa es la Unión Sudamericana.


Es con Juan Domingo Perón cuando se condensa la idea de unidad de América del Sur, para luego si hay éxito pasar a América Latina. Por eso Perón utiliza en su discurso la denominación "Sudamérica" y "Conferencia Sudamericana". Su pensamiento eje es que hay sólo un camino principal para la unidad Sudamericana, que es la alianza argentino-brasileña. ¿y porque no pensar la unidad desde el frente norte de Brasil? Con el “ala norte” que integran Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú. Aquí el proceso sería inevitablemente lento ya que no hay todavía "fronteras vivientes" entre Brasil y dichos países, atento que les separan enormes extensiones casi vacías. Para que eso se articule con vigor, pasarán todavía tres o cuatro décadas, y de políticas muy firmes y consientes. Asimismo, es preciso puntualizar que tanto Colombia como Venezuela son los dos centros más dinámicos y expansivos del "ala norte" sudamericana que en el futuro deben jugar un rol esencial en la articulación entre América del Sur y México, con la mediación centroamericana y antillana.

Siguiendo este razonar, surgen otros condicionantes si pensamos la alianza de Brasil con Uruguay o con Paraguay o con Bolivia, atento que dicha articulación sería como anexión y no una alianza. Methol Ferré vislumbra con agudeza que la alianza de Brasil con países pequeños sudamericanos de suyo no tiene significación sino imperial, alianza sólo podía empezar y ser con la Argentina, que tenía una entidad suficiente como para asumir una representación de lo más fuerte y poderoso de lo hispanoamericano.


Methol Ferré constata que cual unidad sin Brasil desembocaría tarde o temprano en un fracaso ya que dejaría de ser latinoamericana ya que la conjugación de sus dos rostros principales constitutivos: el rostro luso-mestizo y el rostro castellano-mestizo no estarían presenten los dos rostros “latinoamericanos” en sentido estricto. Cuando se incluye el carácter de “mestizo”, se incluye lo indio y lo negro, asimismo puede entenderse también incluido el sello francés del Quebec y de Haití en América Latina. Pero no son tan ponderables y decisivos como la conjugación hispanoamericana/ brasileña, que acaece originariamente en América del Sur, a lo que se puede llegar a sentencias que, sin América del Sur, no hay América Latina efectiva.


Volviendo a Perón, Methol Ferré fue el primero en entender, cuando emprendió con Vargas e Ibáñez el Nuevo ABC (Argentina, Brasil, Chile), que la unidad de América del Sur no podía ser comenzada por una sola potencia, sino por dos. Y por eso definió su alianza como “el núcleo básico de aglutinación” en su artículo “Conferencias continentales” del 20 de diciembre de 1951, que pidió al embajador Lusardo enviará a Getulio Vargas. En el mencionado discurso enfatizaba: “Ni Argentina, ni Brasil, ni Chile aisladas pueden soñar con la unidad económica indispensable para enfrentar un destino de grandeza. Unidas forman, sin embargo, la más formidable unidad a caballo a caballo sobre los dos océanos de la civilización moderna. Así podrán intentar desde aquí la unidad latinoamericana con una base operativa polifacética con inicial impulso indetenible. Esta línea argumental lo llevaría a Perón, según Miguel Barrios, a ser considerado como “el primer teórico y político de la autonomía periférica en el campo de las relaciones internacionales”.[4]


4. De los Estados Nación industriales a los Estados Continentales Industriales:


Los “Estados Nación industriales” con origen en el siglo XVI, son definidos como aquellos sujetos políticos que en un territorio determinado lograron la capacidad de generar un sistema de alfabetización universal, revolución industrial, moneda unificadora, capacidad impositiva, seguridad interna y externa. Logrando esa capacidad de soberanía, entendiéndola como capacidad de autonomía y no desde un exclusivismo jurídico formal, los siguientes fueron Estados Nación industriales: Inglaterra, con la revolución de Cromwell en 1549 y culminando con la revolución gloriosa de 1688. Francia, con la revolución francesa de 1789. Italia, con el duque de Saboya y Garibaldi en el Píamonte, 1870. Alemania, con Prusia bajo la dirección de los junkers con Bismarck. Japón, primer Estado Nación industrial extra europeo con la revolución Meijii, con Mutso Hito. No fue hasta 1898, en la guerra hispanorteamericana en torno a Cuba cuando nace el primer Estado continental industrial de la historia superador del Estado Nación industrial: los Estados Unidos de Norteamérica. Un poder continental que suma cinco dimensiones: industrial, científica tecnológica, militar, cultural y política.[5]


Es a partir de estos datos históricos, la lectura de Weiger y la política continentalista del Nuevo ABC de Perón y la tradición del hispanoamericanismo de San Martin, Bolívar y Artigas, y al latinoamericanismo de Manuel Ugarte que Alberto Methol Ferré crea el concepto de Estado Continental Industrial. Esta categoría política, constituye un concepto núcleo que si bien recurre para la sustentación teórica a otros autores como Federico Ratzel y a la perspectiva de Estado Nación Industrial de Ernest Gellner en su obra “Naciones y Nacionalismos” es una categoría propia de Methol Ferré. No quedándose sólo en la mera descripción de como Estados Unidos se convertía en el primer Estado Continental Industrial, va más allá y da las características constitutivas de estos Estados, a saber: Impulso estatal (burocracia), Industria (ciencia-tecnología), Educación Común (alfabetización, cultura común, idioma común, nación, democratización) y empresas que compiten en el mercado.


Esta irrupción del paradigma nuevo de los Estados Unidos, fue el que provocó una crisis en nuestros Estados-Ciudad antiguos y agroexportadores, sumidos en el enanismo e imposibilitados de autopercibirse como una “Patria Grande” latinoamericana. La portavoz del proceso de insubordinación cultural fue la generación del 900 que supo desde entonces que las necesidades reales de la “nueva modernización” se movían con tres exigencias inseparables: Democracia, Industrialización e Integración.


Juan Domingo Perón como un político intelectual tomo sin lugar a dudas ek razonamiento de Ratzel, las elaboraciones de la generación del 900, el aporte de FORJA y la experiencia varguista de los años 30 que había producido una irrupción de un nacional popularismo industrializador en Brasil. De esta forma en 1951 el General Perón ya responde inequívocamente que el modelo de sustitución de importaciones necesitaba una ampliación gigantesca del mercado interno, relativamente amparada por una nueva unión aduanero para que, logrando economías de escalas, pudiera alcanzarse una verdadera competitividad. Por eso su respuesta es el Nuevo ABC.


A esta política económica Perón le agregaba un elemento esencial que era “la necesidad de los pueblos” sin el cual esta política queda en la súper estructura de las cancillerías, el intercambio de notas y cositas que no llegan a las raíces del mundo real que es la vida cotidiana. Era necesario insertarlo en el pueblo. Es en el año 1953 cuando el Juan Domingo Perón en el Colegio Militar les explica a los altos mandos el intento de hacer un nuevo ABC, entre Argentina, Brasil y Chile, (Vargas, Ibáñez y Perón). Dicho discurso fue acusado por la prensa infame como un intento de “imperialismo argentino”.


Es Perón el primero que indica un camino a seguir, el primero que transforma eso en una política sudamericana. Porque si no hay discernimiento de lo principal y lo secundario, es decir, si no se descubre y propone el camino principal de acceso a lo que se busca, distinguiéndolo de los caminos secundarios –que puedan auxiliar al camino principal pero que no conducen a realizar lo que se propone– entonces se marcha a los tumbos. El camino constituye el alma de la realización del destino. Ese es el salto que logra dar Perón. Él dice: el camino fundamental para los Estados Unidos de América del Sur es el entendimiento de la Argentina con Brasil y con Chile, para generar un poder bioceánico.[6]

Atento a lo indicado Alberto Methol Ferré agrega la importancia del análisis geográfico de la política y un análisis político de la geografía y reconoce que, si han sido las grandes potencias las que han pensado con mayor profundidad la dimensión espacio-tiempo, se reconoce que “por mediación del saber de las grandes geopolíticas, es que los Estados pequeños pueden elaborar las propias”[7]. Al adoptar esta postura y recapitular sobre los primeros geopolíticos (provenientes de Inglaterra, Alemania y Estados Unidos), su esquema de pensamiento permitirá comprender la posición que ocupa América Latina en el espacio-tiempo mundial en función de la lectura de las potencias imperiales y en el marco de la visualización de tres etapas de globalización, rescatando como elemento de síntesis la noción de “Estado-Continental”.


Si bien fue Juan Domingo Perón quien sistematizo teóricamente y llevo adelante una política, existió un movimiento integrado por estadistas como Luis Alberto de Herrera y hombres de acción e indagación como Arturo Jauretche, Abelardo Ramos, Helio Jaguaribe y Darcy Ribeiro, Vivian Trías y Juan Carlos Puig, entre otros. Y es imposible olvidar el legado del pensamiento latinoamericano abierto por la generación del 900, recapitulando sobre Rubén Darío y Rodó, Ugarte, Haya de la Torre, Mella, Mariátegui, etc.[8]

La necesidad de “integración” entre nuestros países sudamericanos, y en especial a partir del Mercosur, implica el nacimiento de una nueva historia sudamericana, que genera justamente el movimiento inverso al proceso de fragmentación iniciado en la Independencia de nuestros Estados resultantes en el primer tercio del siglo XIX y que se consolida en su último tercio. Con excepción de Brasil que contuvo su fragmentación.[9]

Se pregunta Methol Ferré ¿Cómo definir la nueva tarea de integración? Responde de modo sencillo: "hispanoamericanizar" a Brasil hacia las raíces y de "abrasilerarnos" a su vez nosotros igualmente. Sin este doble y profundo proceso sólo habría integración de mercaderes y de empresarios, pero no de pueblos. La integración de los pueblos como también lo señalaba Juan Domingo Perón implica una primacía de una "política de la cultura", compromete todos los niveles de la enseñanza, primaria, secundaria y universitaria; el teatro y la televisión; artistas, periodistas, filósofos, teólogos y científicos.

Compromete la revisión de todo lo que hacemos, pues es un nuevo horizonte histórico que nos exige una adecuación total. Los ya viejos y caducos marcos de los Estados latinoamericanos separados deben ser repensados totalmente, recreados. La revolución cultural es insubordinación cultural enfatiza Marcelo Gullo, una revolución educacional, es también una aceleración de todos los intercambios. Incluye por supuesto, la revisión de la historia latinoamericana, no ya desde la perspectiva exclusiva de cada Estado, sino del conjunto de América Latina. En este sentido la Iglesia no puede estar ausente de todo esto, por el contrario, le cabe un papel protagónico, de iniciativa, de empuje, ya que ella es un organismo extendido unitariamente por todo el conjunto de América Latina.


Es así como un Mercado Común comienza a pensarse desde distintas dimensiones, un desafío a la “identidad” de la sociedad involucrada. Es decir, a un plural conjunto de “identidades” entrelazadas, económicas y sociales, culturales y nacionales. Implica una transformación interna mutua donde la convivencia e interpenetración creciente de dos o más pueblos va más allá del “mercado”, de los mercaderes, de los empresarios. En última instancia, el éxito, el bullicio, la vida del mercado es un pueblo, una convergencia de pueblos, una radical comunicación de cultura, de culturas. El Mercado Común es de suyo mucho más que Mercado Común. Si sólo fuera Mercado Común, sería un fracaso, no podría ser realmente ni mercado. No puede pensarse un Mercado Común en términos exclusivamente económicos. Sería la más frágil superficialidad. Un Mercado Común nos pone de frente a nuestro destino como pueblos. Nos aboca a una profunda revolución cultural. En rigor, implica un “re-nacimiento” de nuestros pueblos.[10]


Muchos van a pensar que por los actores en escena y los aires neoliberales que respiramos en Sudamérica el Mercosur era un elemento de los Estados Unidos o bien un esquema que iba a la derrota segura, no obstante, es aquí donde se produce el cortocircuito fundamental: Argentina-Brasil. Solamente igualado al cortocircuito en Europa entre Alemania y Francia.[11]


El Mercosur con los dos elementos básicos de América Latina: el brasileño y el hispanoamericano contiene ya virtualmente a todos: desde México hasta Tierra del Fuego, aunque no sea efectivamente la totalidad física de América Latina. Y eso por una razón muy sencilla: porque la gran isla continental de América del Sur (si tenemos en cuenta del corte del Canal de Panamá) es la más consistente e importante potencialidad de América Latina. El destino de América Latina sólo se decide en América del Sur. En este sentido el Pacto Andino es hispanoamericano, en tanto el Mercosur es latinoamericano. Pero no hay destino solo hispanoamericano, sino latinoamericano. Eso ya lo percibía a mediados del siglo XIX Torres Caicedo, sucesor intelectual de Bolívar, que acuñará la expresión “América Latina”, para incluir a Brasil. Y Brasil es sudamericano. Esto acrecienta lo decisivo de América del Sur. Y explica que América del Sur sea ya América Latina.[12]


¿Cuáles son los pasos que tiene que seguir el Mercosur? Methol Ferré enérgicamente enfatizaba que: “Si el Mercosur no apunta al Estado Confederal primero, y Federal más lejanamente, no podrá alcanzar su estatura. Sólo el horizonte paradigmático de los Estados Unidos de América del Sur da sentido a la dinámica del Mercosur. Este es su sentido político necesario, pero todavía no visible a las gentes. Aunque venga de lo más profundo de nuestra historia. Por eso se hace hora de empezar a llamar a las cosas por su nombre.”(…)”Sólo así podremos acercarnos a la participación en el Concierto de Potencias que organizará los modos de globalización durante el siglo XXI. De lo contrario, sólo seremos aptos para lo habitual: sólo quedarán voces para el coro.” [13]


A modo de conclusión: interrogantes sobre los que hay que trabajar


Hoy nos encontramos que los debates sobre la actualidad del Mercosur y las reflexiones sobre su futuro, sobre los posibles caminos a transitar, adquieren mayor intensidad y necesidad a partir de dos realidades de consideración: una que proviene de afuera, es decir, las transformaciones sistémicas que conlleva un cambio de época; la otra es interna, las diferencias profundas que han surgido en el bloque y que están revelando que el problema no es ya, únicamente, qué alcance le imprimimos a la integración sino si la integración así como está caminando vale la pena.


Nos encontramos que si no tenemos efectivos centros de poder internos, sólo habrá dependencias a centros de poder externos a América Latina. La perenne deuda externa será nuestro destino. Si la integración es verdaderamente nuestro asunto y no simulación superficial, la pregunta que nos debemos formular todos es: ¿cuáles son los "centros de poder" reales, internos a América Latina, que sean capaces de impulsar la unificación de América Latina? Esta es la pregunta política capital para pensar estrategias globales realmente posibles. En suma: Si América Latina es incapaz de gestar y articular grandes centros de poder internos, no habrá América Latina. Si esta premisa no la tenemos clara, es que no queremos pensar con seriedad nada.


Cuando los países de América del Sur sintieron la necesidad de repensar el "conjunto" como cuestión vital, sus ópticas tuvieron que superar la dificultad de trascender lo fragmentario y local. Hoy la situación del Mercosur con la llegada de gobiernos que sirven a la oligarquía financiera internacional y a los centros de poder mundial regresan a la etapa de abandono de los impulsos generales de la industrialización, la constitución de grandes mercados internos, y cualquier apuesta a un "regionalismo" competitivo, independiente y autónomo.


Estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo "orden" multipolar que, a diferencia del concierto europeo del siglo XIX, abarca mundialmente círculos culturales y en el que, por primera vez, la política mundial se desoccidentaliza y es multicivilizacional, y cuyo eje geoeconómico es el Asia - Pacifico.


En este marco estamos ante la presencia de la tensión entre globalización y desglobalización y en particular de un nuevo Regionalismo del siglo XXI (representado en los mega-acuerdos comerciales, su importancia geoestratégica y sus consecuencias jurídico-políticas en la actual realidad mundial/regional) y, asimismo, al Brexit que se manifiesta como fenómeno des-integrador en el marco europeo. Asimismo, la estrategia de seguridad de los EEUU cambia y pasa por contener a China y controlar lo que el geopolítico Mackinder llamó isla mundial (Eurasia). En este contexto toma importancia los fenómenos como el terrorismo, el narcotráfico y los llamados “golpes blandos o institucionales” o lawfare. Este marco nos arroja datos imprescindible para introducirnos en el estudio de la actual crisis interna del Mercosur con el caso de Venezuela, los acercamientos a la Alianza del Pacifico y la actual negociación con la Unión Europea y China.


En este panorama el Estado clásico ha entrado en crisis irreversible en la globalización y solo algunos Estados salen a flote, los Estados continentales, aunque no los señalé explícitamente de esa manera son los únicos que poseen poder y siguen siendo los principales actores del sistema mundial, y de alguna manera se aleja del paradigma de la interdependencia compleja pura. En este sentido, si el Mercosur en la medida que se transforme en un Estado Continental o Estado Región, es decir que supere la matriz economicista a través de mecanismos de institucionalidad basados en acuerdos políticos, educativos, culturales, energéticos, infraestructura, seguridad y defensa podrá buscar una alternativa a la posibilidad de eludir que algunos de nuestros países sean considerados “Estados fallidos” o “Estados colapsados”.


El siglo XXI convoca a la política de los grandes espacios geopolíticos donde se articulan en un bloque lo económico, social, cultural, político, defensa y seguridad. Con una actuante visión nacional-continentalista los puntos vitales geopolíticos para la viabilidad de un Estado Continental son: Poder alimentario, Agua, Energía, Renta estratégica (dimensiones cultural, tecnológica, económica y militar). Tenemos todas las posibilidades atento al capital inicial que caracteriza a América del Sur como unidad geopolítica y geoeconómica. Es decir, posee 360 millones de habitantes, cerca del 67% de todo el continente hispanoamericano y el 6% de la población mundial y con integración lingüística dado que casi la totalidad habla castellano y portugués en base a la matriz de la identidad hispano- lusitana. Es excusa suficiente para no quedarse de brazos cruzados.


Bibliografía


BARRIOS, Miguel A., “Anatomía geopolítica actual de América Latina” consultado el 10 de noviembre de 2017 en https://www.alainet.org/es/articulo/175916;

BARRIOS, Miguel A., “Perón y el peronismo en el sistema-mundo del siglo XXI”, Biblos, Buenos Aires, 2008

METHOL FERRÉ, Alberto. “Los Estados Continentales y el MERCOSUR”, Ediciones del Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche, Buenos Aires, 2009.

METHOL FERRÉ, Alberto, “Una autoconsciencia histórica a la altura del MERCOSUR” en “Cuadernos de Marcha” Tercera época, año VIII, Nº 89, noviembre 1993.

METHOL FERRÉ, Alberto, ¿Un ajedrez posible? en Revista de Ciencias Sociales, Departamento de Sociología, Año XV, Nº 20, junio, 2002.

METHOL FERRÉ, Alberto, “El MERCOSUR es América del Sur, América del Sur ya es América Latina” en Cuadernos de Marcha, n° 123, enero 1997.

METHOL FERRÉ, Alberto, “En el siglo XXI sigue la era de los Estados Continentales Industriales” en Diario La Democracia (Uruguay). 20 de noviembre de 1998.

METHOL FERRÉ, Alberto, “MERCOSUR: Una nueva lógica histórica”, junio, 2004. Cooperación COMISEC – Unión Europea, con asistencia técnica de COPCA

METHOL FERRÉ, Alberto, “América Latina y sus poderes intrínsecos” en la revista Estudios de Ciencias y Letras (Universidad Católica del Uruguay) Nº 19, diciembre de 1990, Montevideo, Uruguay.

PERROTTA, Daniela y MARTÍNEZ LARRECHEA, Enrique, “Alberto Methol Ferré y la geopolítica de la integración” en Cuadernos sobre Relaciones Internacionales, Regionalismo y Desarrollo, Vol. 9. No. 17. Enero-Junio 2014, Universidad de Los Andes - Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Mérida, Venezuela.

[1] METHOL FERRÉ, Alberto, “América Latina y sus poderes intrínsecos” en la revista Estudios de Ciencias y Letras (Universidad Católica del Uruguay) Nº 19, diciembre de 1990, Montevideo, Uruguay.


[2] Ibídem


[3] Ibídem


[4] BARRIOS, Miguel A., “Perón y el peronismo en el sistema-mundo del siglo XXI”, Biblos, Buenos Aires, 2008


[5] BARRIOS, Miguel, “Anatomía geopolítica actual de América Latina” consultado el 10 de noviembre de 2017 en https://www.alainet.org/es/articulo/175916


[6] METHOL FERRE, Alberto, “Los Estados Continentales y el MERCOSUR”, Ediciones del Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche, Buenos Aires, 2009, p.91


[7] Ibidem, p.91


[8] PERROTTA, Daniela y MARTÍNEZ LARRECHEA, Enrique, “Alberto Methol Ferré y la geopolítica de la integración” en Cuadernos sobre Relaciones Internacionales, Regionalismo y Desarrollo, Vol. 9. No. 17. Enero-Junio 2014, Universidad de Los Andes - Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Mérida, Venezuela, p.13


[9] METHOL FERRÉ, Alberto, “MERCOSUR: Una nueva lógica histórica”, junio, 2004. Cooperación COMISEC – Unión Europea, con asistencia técnica de COPCA


[10]METHOL FERRÉ, Alberto, “Una autoconsciencia histórica a la altura del MERCOSUR” en “Cuadernos de Marcha” Tercera época, año VIII, Nº 89, noviembre 1993.


[11] METHOL FERRÉ, Alberto, ¿Un ajedrez posible? en Revista de Ciencias Sociales, Departamento de Sociología, Año XV, Nº 20, junio, 2002, pp. 38-49.


[12] METHOL FERRÉ, Alberto, “El MERCOSUR es América del Sur, América del Sur ya es América Latina” en Cuadernos de Marcha, n° 123, enero 1997.


[13] METHOL FERRÉ, Alberto, “En el siglo XXI sigue la era de los Estados Continentales Industriales” en Diario La Democracia (Uruguay). 20 de noviembre de 1998, p. 9

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