La Comunidad Organizada: Líneas Fundamentales de una Filosofía Peronista

Actualizado: 25 de ago de 2019

Roy WiIliams

Coord. Responsable

Cátedra Libre Juan Domingo Perón



Buenas tardes, damos comienzo a esta Cátedra Libre Juan Domingo Perón, precisamente en un año muy especial para todos nosotros que es justamente el año del 40 aniversario de la muerte del general Perón, un año muy emblemático para todos nosotros, un año en el que se han hecho algunas actividades, pero no tantas como podrían haberse hecho, y nos pone muy contentos poder desarrollar esta actividad en la facultad de Ciencia Política. Consideramos que es un momento muy importante, este 40 aniversario de la muerte de Perón, para poder pensar en las ideas fundacionales del peronismo.


La primera interrogación que se nos viene a la mente, es ¿por qué volver a las ideas fundacionales del peronismo? ¿Por qué revistar esas ideas que constituyeron la axiomática del peronismo clásico? En primer lugar, porque volver a hablar de ese peronismo, es volver a hablar de nuestra tradición, es poder llevar adelante un diálogo con ese sustrato que nos distingue, y que nos hace un movimiento político con diferentes rostros, con diferentes características históricas. En ese sentido, de alguna manera, es un dialogo con nuestra procedencia histórica.


Por otro lado, el espíritu en el cual queremos sostener la cátedra, tiene que ver con revisitar las ideas del peronismo pero, fundamentalmente, con el objetivo de alumbrar determinadas tramas del presente, es decir, volver a pensar nuestra doctrina, no desde el punto de vista nostálgico, sino esencialmente a partir de lo que esa doctrina nos puede aportar para reelaborar nuestra propia actualidad. Nosotros estamos en una provincia, en la cual la hemos perdido hace mucho tiempo, en la cual hay una fuerza que nos es la nuestra. Nos cuesta a todos los peronistas, sobre todo cuando volvemos a pensar en la figura de Perón, pero a todos los peronistas en su conjunto, nos cuesta pensar desde fuera del Estado, nos cuesta estar fuera del Estado, nos gustan las ideas, nos gusta pensar mucho, pero no nos gusta estar del otro lado del Estado, estar viendo como gobiernan otros, porque nos gusta gobernar.


El peronismo en ese sentido siempre ha sido una especie de filosofía de la praxis, que ha considerado que las ideas son muy importantes, pero fundamentalmente que las ideas se canalizan en una obra de gobierno. Obviamente, nosotros lo tratamos de hacer desde el ámbito intelectual, de poder volver a pensar la unidad del movimiento, de poder volver a pensar en ese sentido nuestra tradición, y de poder entender que este dialogo con las ideas del peronismo, también nos sirvan para poder pensar lo que viene, para poder pensar un peronismo que no esté tan lejos del Estado, y todos nosotros sabemos que el peronismo pivotea sobre la justicia social, pero sin lugar a dudas al peronismo tampoco le gusta la derrota, y no le gusta a ningún peronista estar mirando desde afuera los momentos de decisiones políticas, esto cada uno lo vive, sabemos que todos los espacios están trabajando. nuestro aporte es, en este momento, desde el espacio de las ideas, yo particularmente no me considero un político, tengo que dar clases y trato de aportar desde ahí, y obviamente, esta Cátedra Juan Domingo Perón humildemente trata de pensar el debate entre los actores, intenta revisitar nuestras ideas, un poco para informarnos, porque esas ideas son las que nos identifican, pero también para que nos permita desde ese dialogo, poder confluir. Justamente, hace unos dias hablaba con Enrique Del Percio, y realmente me decía, “bueno… Perón piensa el peronismo como una confluencia, piensa los actores populares en los términos de un confluir”. Y eso es así, siempre está la imagen del 17 de octubre, de las masas llegando a la plaza, como lazos de agua que van constituyendo un río. Si uno ve una película como “Las Aguas bajan turbias” de Hugo del Carril, están esas metáforas. De alguna manera, desde esta cátedra, desde esta casa de estudios y de los docentes que formamos parte, tratamos directa o indirectamente de que nos podamos reunir, porque a los peronistas también nos gusta reunirnos, y que a parte de ese reunirnos fluyan ideas para que por lo menos, no digo que surja inmediatamente una unidad, porque obviamente trasciende a muchos de nosotros, pero si aportar desde el ámbito del pensamiento, nuevas ideas, entendiendo que toda relectura de una tradición política, y en especial de la nuestra, siempre nos da la posibilidad de ver un nuevo horizonte político.


En este sentido, insisto, nosotros lo planteamos siempre desde el ámbito del pensamiento, todos sabemos, intrínsecamente los que somos peronistas, que el peronismo es una filosofía de la acción, en el sentido de que se constituye y otorga sus fundamentos en el hacer. Siempre el peronismo piensa el gobierno de sí, el gobierno propio y el de los otros, y cuando Perón dice, mejor que prometer es realizar, evidentemente está constituyendo un escenario en el que el peronismo adquiere toda su consistencia política, como movimiento nacional y como movimiento popular.


Desde el ámbito del pensamiento, porque la idea era ubicar a Perón en el ámbito de las ideas argentinas, esa era la excusa de este encuentro, desde el ámbito del pensamiento, nosotros sabemos que el peronismo, muchas veces no le da tanta atención a las ideas puras, sobre todo en el último tiempo, sin embargo, nuestro movimiento ha representado un quiebre cultural muy importante en la Argentina; ha aparecido como un quiebre de ideas en la Argentina, FORJA ha “forjado” el peronismo en varios aspectos, y en este sentido nosotros sabemos que por ahí la Universidad ha sido un ámbito hostil. Muchas veces se le quita valor al peronismo en torno al rol de su pensamiento; y esto es un poco sobre lo cual me interesa hacer pivotear nuestra charla, qué se refiere a cuál es el rol del peronismo, pero sobre todo cual es el rol de Perón, en la historia de las ideas argentinas. Perón escribió mucho y en ese escribir entendió algo muy importante de la política, que es algo muy diferente de lo que le pasa a los intelectuales puros. Todo escribir y todo decir de un político, tiene que estar refrendado por un hacer, la responsabilidad del Estadista cuando crea pensamiento, es que ese pensamiento tiene que estar ajustado a una praxis, y tiene que dar cuenta de un estadio y de un estado de fuerzas determinado. El líder político y esto es importantísimo, porque acá no se trata de intelectualizar la política, el líder político cuando piensa sobre política y escribe sobre política está ejerciendo un momento de la conducción y eso fue algo que Perón tuvo extremadamente claro.


Al mismo tiempo, otro aspecto que es imposible dejar de ver, es que cuando nosotros hablamos del peronismo, desde el punto de vista de la cosmogonía de sus ideas, hablamos de la doctrina, suena a viejo hablar de doctrina, pero tiene un sentido hablar de doctrinas, yo prefiero hablar de ideas fundacionales. ¿Por qué es importante hablar de doctrina? Porque el peronismo no es como lo fue en un momento el socialismo, un partido programático, o como el comunismo, el bolchevismo, que piensa en términos teóricos la estructuración de la realidad, el peronismo piensa desde la doctrina, y la doctrina tiene un peso muy importante desde el punto de vista político, porque la doctrina tiene dos momentos que son centrales y que ustedes lo van a poder identificar al día de hoy. Por un lado, la doctrina refiere a una serie de principios, parte desde principios, y Perón es aristotélico en esto, los principios del peronismo son claros: tercera posición, independencia económica, justicia social, soberanía política y para pensar la sociedad, comunidad organizada. Desde ellos se constituye el sustrato valorativo del peronismo, dialogar con la tradición nos remite a las banderas históricas, que hacen que nuestro movimiento tenga una fisonomía y no otra, que tenga objetivos y no otros. Entonces pensar desde la doctrina a nosotros nos permite pararnos desde una escala valorativa, y sobre una serie de principios que nos unifican y que nos identifican como movimiento político, como grupo histórico, como bloque histórico, la doctrina tiene esa etapa fija.

Pero, a la vez, la doctrina entiende, que se tiene que reajustar a cada período histórico, es decir, comprende que si bien los principios son inconmovibles, los medios son condicionados de acuerdo a cada etapa histórica. ¿Por qué? Porque cada etapa histórica nos presenta diferentes juegos de fuerzas, cada período nos presenta un alma distinta de la época, nos representa fuerzas en lucha que van cambiando sus posiciones, fuerzas contingentes, entonces de lo que se trata cuando uno piensa desde el ámbito de la doctrina, es de poder ajustar esos medios a cada escenario de fuerzas determinado, ¿qué quiere decir esto? No renegar nunca de los principios, ya que los principios constituyen nuestra forma de pensar la identidad nacional; nosotros pensamos que el peronista es argentino, pero que también el argentino es peronista, porque en nuestra idea de argentinidad está la justicia social como deseo, la independencia económica como proyecto, la soberanía política como meta. En ese sentido lo segundo que nos provee la doctrina, es, a partir de esa base valorativa, poder ajustar nuestro accionar como movimiento, en cada escenario de fuerzas contingentes, ajustar nuestra praxis, a cada época histórica. Entonces la doctrina es algo, por un lado fijo, pero por otro lado es algo que necesariamente, en cada cuerpo histórico, tiene que ser repensado, tiene que ser reactualizado, tiene que ser re aggiornado, a las fuerzas contingentes de cada época.


Ahora bien, nosotros sabemos que nos ha costado mucho hacer pie en la Universidad, sobre todo en la cuestión de que el pensamiento peronista, es un pensamiento periférico dentro de las currículas y muchas veces hasta se deslegitima el pensamiento peronista; y se lo deslegitima a Perón, que es el padre de un movimiento político que hasta hoy sigue marcando nuestras vidas y los itinerarios políticos de nuestra Nación. Perón armó una doctrina, tal vez una de las experiencias de formación de cuadros, más importante de América Latina, durante el siglo XX. Ha sido la más masiva, la que más ha irradiado a nuestras familias, y la que realmente constituyó un movimiento de masas. Cuando el peronismo dice, todo peronista tiene en su mochila el bastón del mariscal está dando cuenta de la masividad de ese proyecto de formación de cuadros.


Nos preguntamos, ¿cuál es el rol de Peron dentro del pensamiento argentino? Y, sobre todo, ¿cuál es el rol de una filosofía peronista dentro del pensamiento argentino? Para poder pensar este juego entre filosofía y peronismo, sin lugar a dudas tenemos que ir a un escrito decisivo de Perón que es La Comunidad Organizada. La Comunidad Organizada es un escrito de 1949, que sirve como base doctrinaria al peronismo, pero es un escrito que se da en un contexto muy particular, que es el Congreso Nacional de Filosofia de 1949, ¿por qué es un evento particular? Porque si bien dice, Congreso Nacional de Filosofía, este un congreso que tiene dimensión internacional, un evento en el cual por una serie de razones casuales y causales, se dio la situación de que vinieran gran parte de los filósofos más importantes del mundo a Argentina, participa Hans Georg Gadamer, Karl Löwith, Michle Sciacca, Nicola Abbagnano, Eugen Fink, Wilhelm Szilazi.. Envían ponencias Karl Jaspers, Nicolai Hartmann, Jean Hyppolite, Benedetto Croce, Ludwig Klages. Manda una salutación Martin Heidegger, quien estuvo cerca de venir.


A su vez, participan un montón de filósofos latinoamericanos, y de ellos, en especial, como resulta evidente, argentinos. Es decir, la mirada de la filosofía durante un mes está puesta en la Argentina, y está puesta en un contexto muy particular que era la salida de la Segunda Guerra Mundial. Como todos ustedes saben, cuando hablamos de filosofía, sabemos que tiene su partida de nacimiento en Europa con los griegos, pero que casi siempre se mantiene en Francia, en Alemania; los europeos se sienten padres y administradores de la filosofía.


Entonces, en ese contexto en el que se da el Congreso de filosofía de 1949, Europa estaba destruida, la cuna de la filosofía estaba hecha pedazos y de alguna manera se estaba pensando, donde podía recomenzar la filosofía, donde podía re comenzar a pensarse el hombre nuevamente y, al mismo tiempo, desde donde podía relanzarse el pensamiento filosófico. Obviamente, sabemos que un faro intelectual fue Estados Unidos, en el sentido de muchos pensadores que salieron de la guerra fueron a pensar allá y los contrataron de las universidades. Pero el otro foco de irradación era América Latina, la cual era percibida como un lugar en el que se estaba pensando de nuevo el poder. Como señalaría Armando Poratti el congreso operaría, como una puesta en forma del poder americano, y más especialmente del poder latinoamericano, en un momento en que la región se daba la posibilidad de pensar la filosofía. En segundo lugar el congreso es una demostración del poder peronista, es una muestra simbólica de fuerzas del poder peronista en el ámbito de la filosofía. Esto es porque Perón entiende que, desde 1945 a 1949, esos cuatro años, -y si se quiere desde 1943 a 1949-, período en el que se corta con las políticas de la Década Infame y el peronismo va construyendo sus políticas, se ha dado en la Argentina una transformación social muy profunda, una revolución social, desde el punto de vista de la Justicia Social. Pero esta revolución social, tuvo la buena nueva, de que no demandó grandes sacrificios de sangre. No hubieron dosis grandes de violencia en la Argentina; no pasó lo que en la Revolución Francesa, no pasó lo que en la Revolución Rusa, sino que, de alguna manera, las condiciones en las que se dio este fenómeno en la Argentina, hicieron que se pudiera transitar de manera no traumática esta transformación social, esta incorporación de nuevos actores a la política argentina. Viendo ese escenario, de lo que se trataría seria de estabilizar el proyecto, de consolidar la experiencia peronista, y esto se va a hacer, desde mi punto de vista, principalmente entre los años 1949 y 1950, en los que el peronismo va a pensar la identidad nacional; va a decretar el año sanmartiniano, va a celebrar a San Martín como el Padre de la Patria. Pero, sobre todo, el peronismo va a hacer dos cosas importantísimas. En primer lugar la Constitución de 1949. El peronismo tenía que contener todas las transformaciones legales que se habían dado, dentro de un nuevo cuerpo constitucional. Un cuerpo que integrase la realidad argentina como una realidad nueva; una realidad en la que había nuevos actores y en que aparecían nuevos derechos colectivos.


Entonces en ese sentido resultaba indispensable, bajo la influencia de Arturo Sampay, forjar un nuevo horizonte de constitucionalismo social, y por eso el peronismo llevar adelante la reforma constitucional de 1949. Ahora bien, la segunda operatoria que podemos destacar es, precisamente, la que se daría con el Congreso Nacional de Filosofía, ya que Perón entiende que el peronismo, no sólo representaba un proceso político sino que implicaba una nueva concepción de la vida. Consideraba que el peronismo expresaba una forma de la identidad nacional, contenida bajo la idea de comunidad organizada, novedosa en el concierto internacional. Tal cosmovisión sería compartida en ese congreso, sobre todo pensada en el marco de un proyecto continental con el resto de los países latinoamericanos, pero también entendiendo que había filósofos de otras tierras, y que dichos filósofos también podrían difundir lo que estaba significando el peronismo.


Pero, desde el punto de vista de este escrito que es La Comunidad Organizada, debemos tener en cuenta que es una presentación para filósofos pero que no tiene valor específico en el ámbito filosófico. Como sabemos, en algunas ocasiones, se ha criticado respecto al valor del texto. Obviamente, el escrito no tiene valor filosófico; no es un texto escolar…pero es bastante básico. Lo han criticado mucho por eso. Sin embargo, creo que La Comunidad Organizada tiene un valor político, porque Perón cuando da el discurso…Perón no era un ingenuo. Era un profesor de historia militar, un muy buen profesor de historia militar, conocía los auditorios, conocía con quien estaba hablando, y de que estaba hablando. De hecho se dice que el construyo un texto y después se los dio a los filósofos para que lo ajustaran al auditorio. Entonces no es para nada ingenua la intervención, y Perón no sería tan cándido de pensar que frente a varios de los mayores referentes filosóficos de la época, el iría a decir algo decisivo desde el punto de vista filosófico. Perón lo que estaba intentando hacer, esto es lo que planteo en algunas de las cosas que he escrito, en algunas investigaciones, fundamentalmente es poder hacer una intervención política. No me refiero a la figura clásica del filósofo queriendo convencer al político, sino la figura inversa, la del político, la del estadista queriendo persuadir a los filósofos, queriendo convencer de algo a los filósofos.


Y ¿qué es lo que dice Perón? Dice, acá hay un problema…se lo dice, insisto, a varias de las figuras más eminentes de la época. Un problema que consiste en que la filosofía ha abandonado sus orígenes, se ha transformado en un saber exquisito, en una disciplina escolar, en un saber de profesionales. Desde esta perspectiva, la filosofía ha abandonado a sus pueblos, ha abandonado la vida de sus pueblos; la reflexión filosófica no estaría pensando en el destino de sus comunidades. Los filósofos están constituyendo un escenario muy técnico, muy purista, muy puro. Han abandonado sus orígenes, que se caracterizaban por poder alumbrar el destino de sus comunidades. Pero, sobre todo, y creo que así es cómo piensa Perón la filosofía, han olvidado que la tarea de la filosofía es poder dar luz a su propio tiempo, poder desocultar lo más significativo de una época, y llevarlo a la luz de todo un pueblo, encontrar el sentido de un periodo histórico. Eso la filosofía lo ha abandonado y lo tiene que recuperar.


Entonces ¿cuál es ese gesto de Perón para poder pensar su propia actualidad? Perón dice, y esto me parece que es importante que podamos pensarlo hoy: hay que volver a pensar el vínculo entre individuo y comunidad, cómo se relaciona el individuo con la comunidad.


A partir de allí, lo que va a hacer en el texto es un breve recorrido por la filosofía. Breve y ustedes que estudiaron un poco filosofía les va a parecer muy escolar, pero en ese recorrido Perón va a ver que lo que caracteriza el devenir de la humanidad, es que el individuo va progresando conflictivamente, pero que ese individuo siempre avanza en comunidad. El individuo siempre se realiza, si nos dirigimos al pensamiento antiguo, Platón o Aristóteles, vemos que el individuo se realiza siempre en el marco de la polis, en el marco de lo colectivo, el individuo no puede realizarse fuera de su conjunto. El individuo para los griegos siempre busca la felicidad, pero esa felicidad individual, siempre se da en el marco de la felicidad colectiva, y en este sentido la política no puede dejar de pensar la ética, porque ese individuo no se realiza aisladamente, sino que se realiza en el marco del todo en el marco de lo que Aristóteles dice el vivir bien.


Cuando sigue avanzado, Perón particularmente cree en Dios, y en ese sentido rescata la figura de Santo Tomás de Aquino quien involucra una mirada vertical del hombre, que era lo que le faltaba a los griegos. De todas formas también es muy crítico de la Edad Media, afirmando que era una etapa de ignorancia, con santos y demonios. Posteriormente, se refiere a un filósofo muy importante que se llama Baruch Spinoza, tampoco cabe citarlo acá, y llega en este recorrido a una figura que, los que estamos en ciencia política, lo conocemos mucho que es el filósofo inglés Thomas Hobbes. Y allí, en ese recorrido de la tradición metafísica occidental, Perón vería que el individuo se iba realizando en las comunidades, progresivamente, y accediendo a mayores grados de libertad. En el marco de esa evolución, Perón afirmaría que con la axiomática hobbesiana aparecería una torsión. Acá hay un hueco, un desvío, y hay que identificar ese hueco, ¿por qué? Porque Hobbes plantea algo que es propio de su doctrina, que es que el hombre es el lobo del hombre, y nosotros desde la filosofía política no podemos aceptar este precepto.

Como sabemos, Hobbes decía que el hombre era homo hominis lupus (el lobo del hombre), en tanto que lo aparecería como más propio del hombre sería poder matar a otros y que los individuos forjaban el pacto social, solamente por miedo.


Pero Hobbes partía de la enemistad constitutiva del hombre, de que el hombre era por naturaleza enemigo de los otros hombres. Perón, en cambio, dice nosotros desde nuestra filosofía política, no podemos aceptar esto, recordando a Spinoza que decía que el hombre tiene que ser un dios para el otro hombre. Entonces el peronismo no acepta la idea del hombre constitutivamente enemigo de los otros hombres, pero no solo ahí queda el rechazo a Hobbes. Perón señala que con este filósofo inglés empieza a consolidarse una corriente de pensamiento que entiende que el hombre es un ser determinado por las condiciones materiales de su existencia. Es decir, para Hobbes lo que importaría decisivamente, serían las condiciones materiales de la existencia, el hombre estaría determinado por su ser material. Perón afirma, que el peronismo no tiene nada que ver con esto, porque el ser humano no es solo un ser material sino que es un equilibro entre un ser material y espiritual. El hombre para las tradiciones en las cuales lo piensa el peronismo, no puede ser pensado solo desde las condiciones materiales de su existencia, la persona es un perpetuo equilibrio que se va modificando entre materia y espíritu, una relación de equilibrios que permanentemente se van resignificando, pero no se puede pensar lo material sin lo espiritual, ni lo espiritual o lo ideal, sin lo material.


De acuerdo con esta lectura, Perón va a llamar la atención críticamente, entendiendo que se va a constituir una vertiente materialista para pensar la política, que va a tener a Hobbes, a Rousseau pero también a Marx. Obviamente, quien es considerado más negativamente es Hobbes, porque ya en la axiomática de Rousseau se piensa lo social, y en Marx obviamente también se piensa lo social. Pero el problema de estas ontologías es que no logran incorporar lo espiritual. Es a partir, de este tramo del recorrido, en donde Perón empieza a identificar lo que entiende como la crisis del siglo XX, lo que emerge como la crisis de su época.


Como señalamos al principio, precisamente toda esta intervención filosófica simple, parecería servirle a Perón para fundamentar su comprensión de la política. De este modo, indica que la crisis del siglo xx se constituiría como una crisis materialista, porque el ser humano siente en su existencia, que hay muchos deseos humanos materiales insatisfechos. Así, lo único que importaria a los conductores políticos de ese periodo, sería poder realizar ese bienestar material. Sin embargo, lo espiritual parecería haber sido dejado de lado. El ser humano en ese equilibrio fundamental, entre lo trascendente y lo material, habría sido desviado de su componente espiritual.


En esta perspectiva hay dos factores decisivos que no estaban antes, y que Perón distinguió muy claramente, no digo que es el único que los vio, pero que los vio muy bien. Por un lado, quien pensase la política, estamos hablando del año 49, debía tener en cuenta que había un nuevo actor que estaba decidiendo la política y que eran las mayorías sociales. A partir de fines del siglo XIX y todo el XX, el actor que irrumpe en la vida política de las naciones, en la vida pública de las naciones, son las multitudes, son las mayorías sociales. Perón recupera la obra de un psicólogo que se llama Gustave Le Bon, y después de un sociólogo argentino que era José María Ramos Mejía, quien escribe, en 1897, el libro Las Multitudes Argentinas. Es re interesante ese escrito, -Perón seguramente lo lee- porque Ramos Mejía afirma que estas multitudes son irracionales, nos desordenan la vida política, no las podemos gobernar. El individuo que es racional cuando está solo, en la multitud se vuelve loco. Sin embargo, estas multitudes tan locas y tan impresionables, son las que hacen la Historia.


Si nosotros vamos a la Independencia de 1810, si vamos a las luchas federales, si vamos a las montoneras, vemos que las que han constituido historia, no son los individuos en sus oficinas, sino que las que han puesto la sangre y el cuerpo, como también veía Lugones, han sido las multitudes. Entonces lo que se describe, es que las multitudes condicionan la vida política de los pueblos, y que el estadista, el gobernante, no puede dejar de contener en su ideario, ese problema y, más aún, que las formas de las instituciones que piensa la política no pueden dejar de ajustarse a esa nueva realidad histórica. Por eso el peronismo piensa la Constitución del 49, esa es la esencia de la reforma constitucional. No es que la Constitución del 53 estaba mal, sino que se tenía que adaptar a la nueva época y ese es el sentido fundante de la Constitución del 49.


Ahora bien, ¿cómo piensa este problema para Perón? Si ustedes leen a Perón, está muy claro, y si lo leen a Leopoldo Marechal, también. El peronismo, lo que plantea en ese primer estadio, en ese primer momento, es pasar de la masa al pueblo. En esos cuatro años, de lo que se trataba para el peronismo, era pasar de esa multitud que era irracional a un pueblo que se reconociese como comunidad. Por eso Perón dice que la masa es ingobernable, a la masa no se la puede encuadrar, no se le puede dar un sentido político; sólo cuando esa masa es pedagógica y políticamente educada, en el sentido de compartir un ideario, esa masa se convierte en pueblo. En el caso de Leopoldo Marechal, quien también escribe fragmentos importantísimos sobre doctrina, cuando le preguntan en una entrevista ¿por qué se hizo peronista? el responde, porque el peronismo fue el paso de la masa a un pueblo esencial, el peronismo pudo hacer esa transmutación, de una multitud que es muy difícil de organizar políticamente, a un pueblo esencial, a un pueblo histórico. Ahora bien, si este elemento, el predominio de las mayorías sociales, es novedoso y la teoría política tendría que contenerlo, habría otro elemento que complejizaría aún más el contexto de gobierno.


Este segundo factor sería el progreso tecnológico. Precisamente en toda esa época del siglo XIX y principios del siglo XX, más aun ahora, lo que ha condicionado más la vida de esas masas, que son protagonistas de la política, serían los avances en el plano de la técnica. Las mayorías habrían avanzado de una manera decisiva, y tal proceso se habría acelerado, aún más, debido al progreso tecnológico. Las vidas tradicionales de nuestros abuelos, se han visto trastocadas desde los años 50 en adelante, de una manera sin igual. Debido a ello, lo que se produce dice Perón, es un desajuste entre el individuo y la comunidad; entre el individuo y su pertenencia a la comunidad. Y ¿qué es lo que ve críticamente Perón? Frente a este escenario, hay dos opciones que se presentan: por un lado el comunismo soviético y por otro lado, el capitalismo norteamericano (después de la conferencia de Yalta, esos son los dos imperialismos). El capitalismo tiene un germen que es interesante y que potencia que el individuo se realice y tenga una iniciativa propia. Pero el problema es que ese individuo egoísta, deviene un individuo que solo le interesa desarrollarse a sí mismo y es un individuo que está ajeno al bienestar de la comunidad. Entonces el capitalismo, si bien tiene cosas positivas, siempre degenera en un individualismo egoísta, un individualismo como el norteamericano, que en función de su beneficio no duda en invadir cualquier pueblo, en nombre de su libertad, de su democracia y de su libertad.


Del otro lado, estaba el comunismo, que era otra forma de imperialismo. El comunismo surge desde un punto de vista que, en principio, es el de la justicia social, y de los indignados de la tierra. De los condenados de la tierra, en nombre de la justicia social, pero el Estado soviético termina negando al individuo. En nombre de un todo abstracto termina por anular cualquier iniciativa individual.


Es a partir de esta lectura, donde cobra todo su valor, la idea de Perón de Tercera Posición: no alinearse a ninguna de las dos potencias imperialistas, y proponer una nueva doctrina. Esa nueva posición Perón la sintetiza en una fórmula que es “la evolución del yo en el nosotros”. De acuerdo, con esta perspectiva la comunidad sólo se realiza si hay individuos que se realizan; una comunidad de ceros al peronismo no le sirve, es principal que el individuo se realice, que el yo se realice, y el yo, es una conformación de individuos. Ahora bien, esos individuos no pueden realizarse en una comunidad que no se realiza, es decir, ese yo que es necesario e indispensable, no puede pasar como ocurría en la Unión Soviética que el individuo era clausurado. Ese yo tiene que realizarse en su individualidad, pero tampoco nos puede pasar, que ese yo se realice egoístamente. Acá de lo que se trata es que ese yo se realiza en marcos en los que las comunidades se realizan. El “yo” se realiza en el “nosotros”, el yo se recompone en el nosotros. Y en este sentido lo que propone Perón, como superación de las otras dos doctrinas, y es un aporte decisivo, en nuestra filosofía política, es que individuo y comunidad no se excluyen, esa es la diferencia del peronismo. Precisamente, para el comunismo la comunidad era todo y el individuo era nada, para el liberalismo norteamericano, la libertad individual lo era todo y la comunidad o el Estado, era un obstáculo.


Lo que Perón entiende es que el peronismo simboliza una sinergia especial, que el peronismo representa, una nueva síntesis histórica en que individuo y comunidad perpetuamente se modifican pero, a su vez, perpetuamente se realizan en su profunda interrelación. Hay una plenitud del yo en el nosotros. Hay una integración superadora del individuo en la comunidad, y así, el nosotros se va perfeccionando en el yo; y el yo se va enriqueciendo en el nosotros.


Entonces, ¿qué es lo que implica esto? Ya que es muy importante para pensar la política hoy. Fundamentalmente, el peronismo, (al no ser un sistema como el liberalismo individualista ni como el comunismo que anula el individuo), entiende que el conflicto es constitutivo de la política. La comunidad siempre está permeada por el desacuerdo, es decir, la comunidad es conflictiva, y si se quiere, como dicen los filósofos…la comunidad se da en la diferencia y en el desacuerdo. Acá lo importante del peronismo es que entiende que la comunidad no es mero desacuerdo. Obviamente, la política es conflicto, es tensión, es diferencia, como dirían hoy los filósofos, es un movimiento en el cual, nos constituimos desde nuestra diferencia, pero por otro lado, hay un contra movimiento, en el cual, la política, si bien es diferencia, si bien es tensión, nunca es anulación del otro. La comunidad reconoce al individuo, y admitiendo que hay conflicto y tensión en lo colectivo. También, la política es la que nos permite conformar escenarios comunitarios, la política es la que nos invita a pensar que en el marco de desacuerdos, para que nosotros podamos pensar unidades mayores. Por un lado, la política es conflicto y es tensión, pero también, podemos decir que la política es una búsqueda que nunca se cierra, de una armonía tensional, un intento de componer voluntades diría Perón.


Cuando hablamos de Comunidad Organizada, creo que no intentamos referirnos a una categoría que presente tintes autoritarios. Creo, que al hablar de comunidad organizada estamos haciendo alusión a la forma especial en que el peronismo ha pensado la democracia. Generalmente, lo que se ha pensado en las universidades es que la democracia es liberal. Que lo que es democrático solo aparece en históricamente desde la tradición del pensamiento liberal. Contrariamente, creo que el peronismo, a partir de la idea de comunidad, lo que plantea es la posibilidad de pensar, nuevas formas de hacer política, nuevas formas de pensar la democracia, pero sobre todo de volver a pensar desde el lugar del acuerdo, pero no del acuerdo liberal, porque nosotros no pensamos desde la alianza, nosotros pensamos desde el movimiento. El peronismo emerge históricamente desde la búsqueda de la unidad, y no una unidad que se disuelve en poco tiempo, sino unidad que se sostiene en base a entender lo que Perón denomina concordia, y sobre todo a poder componer voluntades políticas en un ámbito de unidades mayores y obviamente, proyectadas hacia el futuro.


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Universidad Nacional de Rosario

Edición: Néstor A. Bauducco

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