Democracia, Política y Comunidad

Actualizado: 6 de ago de 2019



Consideraciones en torno a la cuestión de la Democracia en la axiomática comunitaria del Peronismo Clásico.

“Las colectividades que hoy deseen presentir el futuro, en las que la autodeterminación y la plena conciencia de ser y de existir integren una vocación de progreso, precisan, como requisito sustancial, el hallazgo de ese camino, de esa “teoría”, que iluminen ante las pupilas humanas los parajes oscuros de su geografía.” Juan Domingo Perón

Resumen: Partiendo de una perspectiva de recuperación y problematización de la reflexión democrática, aparece como relevante en la conformación de los saberes políticos en Argentina la posibilidad de volver a pensar y conceptualizar la relación entre peronismo y democracia. Así, se impone la oportunidad de pensar la idea de comunidad que caracteriza el desenvolvimiento del peronismo clásico, como una forma singular de comprensión de lo democrático. Creemos, posible distinguir dentro del discurso La Comunidad Organizada, pronunciado por Juan Domingo Perón en el Congreso Nacional de Filosofía de 1949, lo que podría considerarse como la tentativa de una “democracia comunitaria”.

El Tiempo de la Filosofía: La Comunidad Organizada y el Congreso Nacional de Filosofía de 1949

Desde su advenimiento, el peronismo se inscribió como una expresión extremadamente compleja dentro del entramado político nacional. Su irrupción tanto así como su devenir en el campo histórico, en gran medida, fue interpretado como un quiebre en relación con el escenario precedente y con las formas de hacer política imperantes hasta aquel momento. Las distintas figuras que fue adoptando a lo largo de su desenvolvimiento manifestaron, en líneas generales, el carácter diferencial de esta expresión política así como también su repercusión significativa en los ámbitos de la vida política argentina. Indagar acerca de esta naturaleza singular nos conduce, necesariamente, a dirigir nuestra investigación en torno a los trazos constitutivos y a las formas diferenciales que encarnaría esta expresión política, buscando identificar lo particular de su primer desenvolvimiento.

En el pensamiento de Perón y, en líneas generales, dentro de lo que podríamos denominar como el peronismo clásico, la noción de Comunidad Organizada, en conexión estructural con las de tercera posición y justicia social, ha ocupado un lugar esencial.1 El entramado conceptual del peronismo, sobre todo a lo largo de su primer desenvolvimiento, ha otorgado a esta categoría un rol fundamental, ubicándola como matriz referencial y diferencial al momento de pensar la política nacional. Como ha señalado Armando Poratti: “La categoría básica del pensamiento del General Perón es

1 Poratti, Armando: La Comunidad Organizada. Texto y Gesto, en Perón Juan Domingo, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007.

“la comunidad organizada”… La comunidad organizada es la búsqueda de un equilibrio, de una armonización de fuerzas entre elementos distintos, que en el plano sociológico son los diferentes sectores sociales.”2

Al analizar la categoría de comunidad, intentamos ponernos en condiciones de destacar los aspectos distintivos de este movimiento con respecto a las experiencias y modos teóricos de entender la sociedad y lo comunitario en anteriores momentos históricos, tratando de llevar adelante una reflexión acerca de los fundamentos conceptuales de aquella experiencia histórica.

Así se nos presenta lo comunitario, en tanto testimonio de las formas singulares del ser-en-común que permitieron establecer las tramas diferenciales del movimiento peronista frente al tempestuoso avatar de las otras formas políticas, posibilitando interpretarlo como una conformación distante y distinta del entramado de la vida política argentina. Adentramiento en el terreno de tensiones desde donde el peronismo pensó el gobierno de los hombres, comprendiéndolo, por un lado, como el ejercicio del gobierno sobre los ciudadanos y, paralelamente, como la forma en la que esos mismos hombres autoproducen su propia esencia comunitaria. De esta manera, podríamos decir, que la forma en la que evolucionó y se pensó a sí mismo el primer peronismo, se muestra como un proceso complejo por el cual al mismo tiempo que se fue desplegando, parecería haber intentado interpretarse en función de una mayor autocomprensión de la vida-en-común nacional.

A lo largo del periodo que se extiende entre 1945 hasta 1955, el peronismo intentó, de distintas maneras, constituir una comprensión del ser-en-común capaz de articular el proyecto nacional-popular en curso con las manifestaciones más diversas manifestaciones de la estructuración de la realidad argentina. En cierto sentido, las formas que asumió fueron consideradas por muchos de sus protagonistas como una manifestación auténtica de la comunidad nacional. Retórica de la autenticidad que, al mismo tiempo, se sustentaría estructuralmente en torno a una concepción determinada de la Comunidad, la cual sería entendida como una totalidad colectiva capaz de llevar adelante las tareas de la nacionalidad en el plano de la historicidad argentina.

En este contexto, el Primer Congreso Nacional de Filosofía que se celebrará en Mendoza, entre el 30 de Marzo y el 9 de Julio de 1949, constituiría uno de los momentos principales en los que el peronismo comenzó a pensarse a sí mismo y a la filosofía de su tiempo en estrecha relación con el obrar político y con las posibilidades de un horizonte comunitario pleno. La importancia del Congreso quedó demostrada con la participación de figuras de primer nivel internacional, siendo posible afirmar que los representantes de las corrientes filosóficas más influyentes de la época depositaron su atención en este acontecimiento. Asistieron, entre otros, Hans-Georg Gadamer, Kart Löwith, Wilhelm Szilazi, Nicola Abbagnano, Michele Sciacca y Eugen Fink. También mandaron ponencias Kart Jaspers, Nicolai Hartmann, Benedetto Croce, Jean Hyppolite, Ludwig Klages, Galvano Della Volpe. Como ha señalado Guillermo David, el mismo Martin Heidegger estuvo cerca de participar, a partir de las gestiones, que en este sentido, llevo adelante el canciller Bramuglia ante su par alemán. Sin embargo, la situación delicada por la que estaba pasando Heidegger en su país, por ese mismo tiempo, hizo imposible su participación enviando únicamente una salutación al Congreso.3

  1. Guillermo David: Carlos Astrada, La Filosofía Nacional, Buenos Aires, Ediciones el Cielo por Asalto, 2004, p. 202.

  2. Armando Poratti: La Comunidad Organizada. Texto y Gesto, en Perón Juan Domingo, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.93

En líneas generales el evento puede ser considerado como un gran campo de disputa entre las corrientes más significativas del pensamiento filosófico de la época de las que podemos destacar, por un lado, las vinculadas al pensamiento existencial heideggeriano y, por otro, los grupos identificados con el neotomismo: En la reseña del Congreso que ofrecerá en sus memorias, Hans Georg Gadamer presenta en estos términos la inexpresada pregunta que atravesó las deliberaciones: “¿Hay una teología natural o, por el contrario, todo conocimiento de Dios permanecerá necesariamente dependiente de la revelación? ¿Tiene razón entonces el pensamiento moderno al exigir, en contradicción con la metafísica del Dios o del espíritu infinitos, una metafísica de la finitud?”4

El Congreso sería también el escenario donde Perón presentará La Comunidad Organizada cómo sustento doctrinario del movimiento peronista5, pudiéndose observar en dicha propuesta una intensa y tensional articulación entre las nociones de individuo y comunidad. Conceptos, ambos que, a lo largo del discurso, no aparecen como figuras contrapuestas ni antitéticas, sino que advienen en los términos de una comunicación, de una com-parecencia que parecería estructurar la coherencia interna del texto: “Nuestra comunidad, a la que debemos aspirar, es aquélla donde la libertad y la responsabilidad son causa y efecto, en que exista una alegría de ser, fundada en la persuasión de la dignidad propia. Una comunidad donde el individuo tenga realmente algo que ofrecer al bien general, algo que integrar y no sólo su presencia muda y temerosa.”6 Observamos una apuesta al individuo en comunidad, que en cierta forma, parecería plantearse la realización del “individuo” en el “todo”, la concreción de las aspiraciones singulares en el marco de las posibilidades colectivas de realización del ser-en-común. En suma, una forma de anudamiento tensional de los horizontes individual y colectivo: “La humanidad necesita fe en sus destinos y acción, y posee la clarividencia suficiente para entrever que el tránsito del yo al nosotros, no se opera meteóricamente como un exterminio de las individualidades, sino como una reafirmación de éstas en su función colectiva…la confirmación hegeliana del yo en la humanidad es, a este respecto, de una aplastante evidencia.”7

Se nos ofrece un sendero que, en La Comunidad Organizada, es al mismo tiempo hilo conductor de la problemática de la comunidad en consonancia con la plenificación de la accesión a grados más elevados de Libertad. En lo que sigue, nos proponemos realizar un recorrido en torno a las formas en que van desenvolviéndose en el texto las tensiones en torno a las nociones de individuo y comunidad, presentes en el discurso y sus irradiaciones sobre la problemática de la democracia.

  1. Guillermo David: Carlos Astrada, La Filosofía Nacional, Buenos Aires, Ediciones el Cielo por Asalto, 2004, p. 201. 5 Guillermo David: Carlos Astrada, La Filosofía Nacional, Buenos Aires, Ediciones el Cielo por Asalto, 2004, p. 201 6 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.181 7 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.155

Derivas del Peronismo Clásico:

El Espectro de la Comunidad o el Problema de la re-lectura de una Doctrina Política

Como sabemos en el peronismo la cuestión de la doctrina siempre ha tenido un lugar de importancia. A diferencia de otras experiencias políticas que se han constituido en torno a una propuesta de carácter más programático, el peronismo, en gran parte, debido a su origen movimientista parece haber encontrado en la doctrina el conjunto de principios esenciales sobre los cuales asentar las formas de su acción política. Probablemente, el hecho de ser un movimiento político, o más específicamente político- social, implicó necesariamente la conformación de un cuerpo de ideas que pudiesen otorgar cierta base, cierto sostén de ideas compartido que posibilitase proyectar políticas compartidas para actores completamente diversos.

En los comienzos mismos, como ha ocurrido siempre con los movimientos políticos de base popular, el peronismo ha encontrado la diversidad, la pluralidad de actores y sectores sociales, la heterogeneidad desplegada bajo el rostro de polifacético de la multitud. Si nos proponemos recordar esta heterogeneidad fundacional, no resulta para nada superfluo dirigirnos a la frase de Raúl Scalabrini Ortiz, que se refiere a las formas originarias del peronismo testimoniadas el 17 de Octubre de 1945: Frente a mis ojos desfilaban rostros, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de restos de breas, grasas y aceites. Llegaban cantando y vociferando, unidos en la impetración de un solo nombre: Perón. Era la muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir. Los rastros de sus orígenes se traslucían en sus fisonomías. El descendiente de meridionales europeos iba junto al rubio de trazos nórdicos y al trigueño de pelo duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún… Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substracto de nuestra idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad sin recatos y sin disimulos.

Probablemente, lo que Perón denominaba doctrina, podemos caracterizarlo como una determinada concepción del mundo, una cosmovisión compartida capaz de llevar adelante y dar forma a un proceso de identificación popular inédito en la historia de nuestro país. Por un lado se plantea, una ética, es decir un conjunto de valores prácticos comunitarios que sirven para vida de conjunto, por otra parte, la doctrina es la que nos permite, proyectar una política comunitaria, es decir, abrir paso a la conformación de un cuerpo político que desde su heterogeneidad constitutiva pueda unificar la direccionalidad de la acción política. En este sentido, el Peronismo, necesariamente, debía articular una comprensión nueva que permitiese agrupar y organizar a aquel “subsuelo de la Patria sublevada”, que hacía saltar el continuum histórico de la vida política argentina.

Desde la mirada de Perón dicha multitud, requería una Doctrina, necesitaba de formas cohesivas y organizativas que le abriesen la posibilidad de devenir Pueblo: “Habrá pueblos con sentido ético y pueblos desprovistos de él; políticas civilizadas y salvajes; proyección de progreso ordenado o delirantes irrupciones de masas. La diferencia que media entre extraer provechosos resultados de una victoria social o a negarla en el desorden, corresponde a las dosis éticas poseídas.”8 Había que pensar las formas de pasar de la Multitud que engendró el 17 de Octubre, al Pueblo que engrosaría al Peronismo los años subsiguientes. Por esta razón, Perón decía: “Nuestro hombre está de pie para una integración, no para una desesperanza…Nuestra doctrina no cree en la violencia que desgarra, sino en la superación que eleva; en la plenitud de su cometido, sin miras egoístas en las relaciones cada día más complejas del hombre con la comunidad.”9

La doctrina contiene y organiza, hace de una “masa - sin –forma” el prolegómeno de un Pueblo, hace de ese argentino innominado por la “partidocracia oligárquica”, de ese “de nadie y sin nada”, un “existente político”. Probablemente, todos y cada uno de los discursos de Perón, puedan ser vistos en esta clave, es decir, como una acción pedagógica; como una figura en que la doctrina otorga fundamento del hacer política iluminando nuevos cursos de acción. Siguiendo a Armando Poratti podríamos afirmar: “…los escritos de Perón no son nunca un mero texto, sino momentos de una acción.”10

En esta axiomática lo doctrinario, parece no representar una manifestación cerrada sobre sí, es decir ajena al cambio, ni tampoco, un “significante vacío” en el cual “todo es lo mismo” de “cualquier forma”. La Doctrina constituye siempre un cuerpo de ideas, un sistema abierto de la praxis política acorde a un conjunto de valores, donde se juegan las posibilidades de construcción de la Comunidad en los distintos momentos de su existencia histórica. Se intenta pensar siempre desde la composición de fuerzas; desde la conformación de un movimiento basado en la unidad, la cual opera, paralelamente, a partir del reconocimiento de las diferencias y desde la ampliación del espectro de articulaciones políticas. Cuando hablamos de este tipo de construcción política surgida de la doctrina, creo que, casi siempre, se intenta hacer alusión a la estructura del vínculo dentro del peronismo, es decir, a eso que enlaza “orgánicamente” a diferentes actores sociales, con diferentes tareas políticas, en un determinado momento histórico.

Ahora bien, en el contexto del discurso pronunciado en el Primer Congreso Nacional de Filosofía, en 1949, Perón va realizar una mención sobre la relación entre Comunidad y Democracia: “El problema del pensamiento democrático futuro está en resolvernos a dar cabida en su paisaje a la comunidad, sin distraer la atención de los valores supremos del individuo; acentuando sobre sus esencias espirituales, pero con las esperanzas puestas en el bien común.”11

Si nos remitimos a las tramas esenciales del discurso, parecería que la puesta en juego de la perspectiva comunitaria implicaría una forma diferente de concebir la democracia. Es decir, una interpretación que, en su desenvolvimiento, se alejaría progresivamente del paradigma liberal y que, en su despliegue, permitiría re-significar el escenario relacional de los distintos sectores sociales, en la Argentina de mediados de la década del 40. Se nos ofrece un advenimiento de lo comunitario que se encarnaría como la forma política de la construcción del Pueblo y como establecimiento de un campo articulatorio diferencial con respecto a la comprensión liberal de la democracia.

8 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.151

9 Juan Domingo Perón: Discurso pronunciado en el acto de honor a los delegados al I Congreso Argentino de Filosofía, en Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.190

10 Armando Poratti: La Comunidad Organizada. Texto y Gesto, en Perón Juan Domingo, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.85

11Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.180

Lo comunitario como el momento central desde el que se constituye la vida del conjunto, sin embargo, dichas formas convivenciales no se mostrarían ajenas al desarrollo de las potencialidades del individuo.

Precisamente, el individuo se encontraría en condiciones de realizarse siempre en la tensión permanente con los otros individuos pero, también, siempre dispuesto a la concordancia que abre el camino de la co-existencia: “Nuestra comunidad, a la que debemos aspirar, es aquélla donde la libertad y la responsabilidad son causa y efecto, en que exista una alegría de ser, fundada en la persuasión de la dignidad propia. Una comunidad donde el individuo tenga realmente algo que ofrecer al bien general, algo que integrar y no sólo su presencia muda y temerosa.”12

El ser-en-común que se desprende de la axiomática de Perón busca clausurar los egoísmos potencialmente destructores del vivir-en-común, pero así también, obstruir las tendencias masificadoras que nulifican al ser-individual. La Comunidad Organizada es, en este sentido, decididamente, una propuesta tercerista: el relato de una distancia prudencial pero, al mismo tiempo, tajante con respecto a las democracias liberales como la de Estados Unidos, como también del Comunismo de la Unión Soviética.

Horizonte distante de la conceptualidad liberal-democrática, como también de la autorreferencialidad y cerrazón característica de los totalitarismos del Siglo XX. En el liberalismo se veía el peligro de la proliferación de un individualismo amoral, egoísta y contrario a la evolución del ser humano. El comunismo (si bien se reconocía que el valor de la ideología marxista en tanto respuesta a la explotación capitalista, proponiendo la unidad de los trabajadores), será criticado desde las posiciones del colectivismo comunista en la medida en que crea un Estado omnipotente el cual insectifica al individuo, clausurando la posibilidad de un horizonte de justicia social. Entonces, lo se ofrece como amenazador para la comunidad es lo siempre asediante en el egoísmo extremo que siembra la discordancia y en el colectivismo que busca imponer un desierto tendiente a borrar todas las diferencias: “…pese al flujo y reflujo de las teorías, el hombre, compuesto de alma y cuerpo, de vocaciones, esperanzas, necesidades y tendencias, sigue siendo el mismo. Lo que ha variado es el sentido de su existencia, sujeta a corrientes superiores.”13“Esa acentuación oscilante lo mismo puede someterle como ente explotable al despotismo de individualidades egoístas, que condenarle a la extinción progresiva de su personalidad en una masa

gobernada en bloque.”14

Como sabemos, en el contexto en que se pronuncia La Comunidad Organizada, no resultaba para nada descabellado interrogarse sobre las nuevas formas posibles de una vida-en-común. Sobre la desolación que se había cernido en Europa luego de la Segunda Guerra Mundial, y en medio de la pugna planetaria que comenzaba a desplegarse en toda su magnitud entre el capitalismo estadounidense y el comunismo soviético, la humanidad se encontraba ante la interrogación de cómo pensar formas co- existenciales que pudiesen re-crear la tensión entre individuo y comunidad sin malograr ninguna de las dos opciones. Un escenario que se tornaba más tempestuoso aún, si tenemos en cuenta la incorporación de las masas a la vida política y su profunda y sostenida influencia en los destinos diferenciales de cada nación y junto con ello el despliegue de la técnica moderna a escala planetaria.

12 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.181 13 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.160 14 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.160

Mayorías sociales soberanas y un avance tecnológico que se presentaba en términos de un incremento desenfrenado de relaciones y complejización de las costumbres ancestrales mostraban el paisaje de la época como un relato dislocado sin parangón en la historia occidental: “Advertimos enseguida un síntoma (inquietante) en el campo universal. Voces de alerta señalan con frecuencia el peligro de que el progreso técnico no vaya seguido por un proporcional adelanto de la educación de los pueblos. La complejidad del avance técnico requiere pupilas sensibles y recio temperamento.”15

La crisis del Siglo XX aparentaba ser de raíz materialista, se avizoraban muchos deseos insatisfechos en una sociedad basada en la posesión de bienes materiales. En términos de la vida comunitaria, lo material alejaba y posponía lo espiritual, formaba ciudadanos, por momentos egoístas, por momentos insectificados en el marco de una sociedad gobernada en bloque de manera autoritaria. Por un lado, se presentía el riesgo de que el individuo dispensado de su participación en la comunidad, se encontrase infatigablemente abandonado en la soledad de la historia. Por otro lado, cabía la posibilidad que ese individuo fuese oprimido por la misma sociedad a que pertenecía, quedando silenciado y clausurado frente a una comunidad que no lo reconocía y que potencialmente lo tornaba sacrificable.

En ese escenario, resultaba imprescindible distanciarse tanto del individualismo inmunizado, es decir de las figuras de un liberalismo dislocado de cualquier pertenencia comunitaria, como también era imperativo no caer en un colectivismo atroz en que el sujeto quedase expuesto permanentemente a su propia abdicación: “En la consideración de los valores supremos que dan forma a nuestra contemplación del ideal, advertimos dos grandes posibilidades de adulteración: una es el individualismo amoral, predispuesto a la subversión y al egoísmo, al retorno a estados inferiores de evolución de la especie; otra reside en esa interpretación de la vida que intenta despersonalizar al hombre en un colectivismo atomizador.”16

Perón entendía que esa crisis ponía a la filosofía en una situación, no tan distinta a la que se había presentado en la Edad Media, es decir, la ubicaba frente a la posibilidad de forjar los trazos de lo que se podía denominar como un nuevo Renacimiento: “En tal coyuntura la filosofía recupera el claro sentido de sus orígenes. Como misión pedagógica halla su nobleza en la síntesis de la verdad, y su proyección consiste en un “iluminar”, en un llevar al campo visible formas y objetos antes inadvertidos; y, sobre todo, relaciones. Relaciones directas del hombre con su principio, con sus fines, con sus semejantes y con sus realidades inmediatas. De los elevados espacios, donde las razones últimas resplandecen, procede la norma que articula al cuerpo social y corrige sus desviaciones.”17La filosofía en su despliegue histórico no debía quedar aislada de la vida de los pueblos, era necesario que su actividad se encontrase permanentemente asediada por las interpelaciones que surgían de la dinámica de cada sociedad.

Hay en La Comunidad Organizada una invocación que reconoce a la filosofía como una expresión del pensamiento capaz de abrir paso a una nueva comprensión que permitiese re-pensar la relación entre lo material y lo espiritual en un escenario epocal considerado como crítico: “Caracteriza las grandes crisis la enorme trascendencia de su opción. Si la actual es comparable con la del Medioevo, es presumible que dependa de nosotros un Renacimiento más luminoso todavía que el anterior, porque el nuestro, contando con la misma fe en los destinos, cuenta con un hombre más libre y, por lo tanto, con una conciencia más capaz. El gran menester del pensamiento filosófico puede consistir, por consiguiente, en desbrozar ese camino, en acompasar ante la expectación del hombre el progreso material con el espiritual.”18

15 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, pp. 162-163

16 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.166

17 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.141

El hombre se hallaba frente a una profunda crisis de valores que comprometía su propia humanidad. Crisis que se manifestaba en el predominio de los valores materiales por sobre los espirituales y que repercutía negativamente sobre el campo articulatorio entre individuo y comunidad. Desequilibrio, incertidumbre e inestabilidad de los valores sociales que cuestionaban el sentido mismo de la vida-en-común tal como se había desplegado históricamente en Occidente. Así, en La Comunidad Organizada se hacía mención críticamente al náusea de Sartre, y también de una manera inexacta a la angustia de Heidegger; ambos como signos de decadencia, de anomia: “Es hasta cierto punto poco comprensible que hayamos pasado con tan peligrosa brevedad intelectual de la decepción del ser insectificado a esa náusea con que, a espaldas de sagradas leyes, se pretende orientar la comprensión de la existencia colectiva. Lo sintomático de este modo de pensar está en que no es una abstracción, como tampoco lo era, pongo por ejemplo, el marxismo. Éste operaba sobre el descontento social. La náusea – como entelequia- opera sobre el desencanto individual. Es la “angustia” abstracta de Heidegger en el terreno práctico: corresponde a una sociedad desmoralizada que ni siquiera busca una certidumbre para reclinar su cabeza.”19

Para Perón, entre la primacía de lo material y la posibilidad de advenimiento de lo espiritual, se jugaría la interrogación acerca de que tipo de felicidad debía corresponder a las ansias de perfección del individuo en el contexto de desenvolvimiento de la técnica moderna. Lo comunitario aparecería como una forma de persuasión de dignificación individual en que la solidaridad desterraría la violencia en función de un equilibrio tensional entre los distintos actores sociales: “La humanidad necesita fe en sus destinos y acción, y posee la clarividencia suficiente para entrever que el tránsito del yo al nosotros, no se opera meteóricamente como un exterminio de las individualidades, sino como una reafirmación de éstas en su función colectiva…la confirmación hegeliana del yo en la humanidad es, a este respecto, de una aplastante evidencia.”20

Desde esta perspectiva, en La Comunidad Organizada, se augura como posibilidad un por-venir en que los individuos pudiesen ser capaces de formar y con- formar comunidades, constituyendo el desarrollo de la individualidad el requisito indispensable para pensar las figuras metamorfoseadas del ser-social. No puede haber horizonte de colectivo sin fomento de las potencialidades individuales, pero al mismo tiempo, no sería posible una individualidad plena y autoconsciente sin su fusión tensional con el devenir del conjunto: “No debemos predicar y realizar un evangelio de justicia y de progreso, es preciso que fundemos su verificación en la superación individual como premisa de la superación colectiva.”21

Es en este sentido, que se propone como clave de una política del ser-en-común, la evolución del Yo en el Nosotros, la integración superadora del individuo plenamente constituido en el orden comunitario, es decir, la transfiguración del sujeto en el fluir histórico y com-pareciente del tejido social. Un Nosotros que, perfeccionado por el Yo, siente las premisas de una nueva etapa en la evolución humana. Realización del Yo en el Todo social que, no sería otra cosa que, la invitación a una composición armónica del desenvolvimiento de la vida de un Pueblo: “Lo que nuestra filosofía intenta restablecer al emplear el término armonía es, cabalmente, el sentido de plenitud de la existencia. Al principio hegeliano de realización del yo en el nosotros, apuntamos la necesidad de que ese “nosotros” se realice y perfeccione por el yo”. Nuestra comunidad tenderá a ser de hombres y no de bestias. Nuestra disciplina tiende a ser conocimiento, busca ser cultura. Nuestra libertad, coexistencia de las libertades que procede de una ética para la que el bien general se halla siempre vivo, presente, indeclinable. El progreso social no debe mendigar ni asesinar, sino realizarse por la conciencia plena de su inexorabilidad.”22

18 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, pp. 142-143

19 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.164

20 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.155

21 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.184

La política de la comunidad no sólo sería armonía y concordia sino también, conflicto y tensión. Escenario en que los actores, lejos de tener un rol preestablecido y compartimentado, podrían modificar intentando re-significar su lugar dentro del ordenamiento desgarrado de la Polis. En suma, Polis como vida de la comunidad, es decir, como com-parecencia en la que se suceden profundos desplazamientos de fuerzas encarnados, alternativamente, por diversos sujetos colectivos. Reflejos e imágenes de un orden comunitario donde los conflictos se podrían alivianar o agudizar, pero que nunca desaparecerían por completo. Una sombra en fuga en que lo comunitario parecería no encontrar un acuerdo pleno; siempre se expondría a la búsqueda de una concordia por- venir teniendo en cuenta el carácter agonístico de la vida en común.

Comunidad que sería imposible concebir sin la plenificación de los individuos que la com-ponen. Individuos que se desenvolverían en el sendero de una perfección permanente hacía formas superiores de existencia, pero que no se hallarían dispensados de participar del ser-en-común. Desde esta perspectiva tales individuos formarían y con- formarían comunidades, en la medida en que el desarrollo de la individualidad sería el requisito indispensable para pensar las figuras metamorfoseadas del ser-social. No hay horizonte de comunidad sin fomento de las potencialidades individuales, pero al mismo tiempo, no sería posible una individualidad plena y autoconsciente sin su fusión tensional con el devenir del conjunto: “No debemos predicar y realizar un evangelio de justicia y de progreso, es preciso que fundemos su verificación en la superación individual como premisa de la superación colectiva.”23 Se trataría, así, de llegar a la “humanidad”, es decir de acceder a formas convivenciales superiores sustentadas en el perfeccionamiento del existente político tomado singularmente.

En este sentido, como hemos indicado, Perón entiende como clave de una política por-venir, la evolución del Yo en el Nosotros, la integración superadora del individuo plenamente constituido en el orden comunitario, es decir, la transfiguración del sujeto en el fluir histórico y com-pareciente del tejido social.

Un Nosotros que se perfeccionaría por medio del individuo y que podría sentar las premisas de una nueva etapa en la evolución humana. Realización del Yo que, no es otra cosa, más que una composición armónica del existir temporal de un Pueblo: “Lo que nuestra filosofía intenta restablecer al emplear el término armonía es, cabalmente, el sentido de plenitud de la existencia. Al principio hegeliano de realización del yo en el nosotros, apuntamos la necesidad de que ese “nosotros” se realice y perfeccione por el yo”. Nuestra comunidad tenderá a ser de hombres y no de bestias. Nuestra disciplina tiende a ser conocimiento, busca ser cultura. Nuestra libertad, coexistencia de las libertades que procede de una ética para la que el bien general se halla siempre vivo, presente, indeclinable. El progreso social no debe mendigar ni asesinar, sino realizarse por la conciencia plena de su inexorabilidad.”24

22 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.184

23 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.184

La Comunidad Organizada: Recomienzo y Por-venir

Creemos que la apuesta de La Comunidad Organizada, tal como fue planteada en el Congreso de Filosofía de Mendoza, permitiría pensar el Ser-en-común, como una expresión capaz de re-ligar las perspectivas individuales con el despliegue de los entramados comunitarios a lo largo del desenvolvimiento histórico de los Pueblos. La comunidad podría ser entendida como coexistencia de las libertades de los seres singulares que se reconocerían en el bien general. Un ser-con-otros, en términos de un gesto de producción de comunidad o, mejor aún, como una instancia por la que lo individual sería realzado en sus matices diferenciales, a partir de su incorporación al tejido co-existenciario del ser-en-común: “Lo que nuestra filosofía intenta restablecer al emplear el término armonía es, cabalmente, el sentido de plenitud de la existencia. Al principio hegeliano de realización del yo en el nosotros, apuntamos la necesidad de que ese “nosotros” se realice y perfeccione por el yo”. Nuestra comunidad tenderá a ser de hombres y no de bestias. Nuestra disciplina tiende a ser conocimiento, busca ser cultura. Nuestra libertad, coexistencia de las libertades que procede de una ética para la que el bien general se halla siempre vivo, presente, indeclinable. El progreso social no debe mendigar ni asesinar, sino realizarse por la conciencia plena de su inexorabilidad.”25

No se buscaría una organización ideal, un arquetipo de comunidad cerrada sobre sí misma, en la que el individuo quedase clausurado, sino que parecería abrirse paso una com-parecencia del ser-en-común capaz de reconocer las figuras diferenciales y disonantes de lo individual.

Tal vez, por ello el texto, en ningún momento, apunta a reivindicar la función del Estado, sino, que contrariamente, hace hincapié en la libre creación de los pueblos y sus individuos: “La senda hegeliana condujo a ciertos grupos al desvarío de subordinar tan por entero la individualidad a la organización ideal, que automáticamente el concepto de humanidad quedaba reducido a una palabra vacía: la omnipotencia del Estado sobre una infinita suma de ceros.”26

En un contexto de crisis de valores, de desenvolvimiento desenfrenado de la técnica, los pueblos que pretendiesen proyectarse en el por-venir bajo las imágenes de la autodeterminación y de una plena conciencia de ser del individuo y del co-existir, parecían requerir de una nueva articulación política comunitaria que los guiase en el hallazgo de un camino de felicidad.

Probablemente, sería en este punto, en la conjunción de este “juego de espejos” entre individuo y comunidad, donde jugaría un rol significativo llevar adelante una comprensión de la democracia, como forma com-pareciente de los distintos momentos de composición política del ser-en-común. Figuras de un asedio que, tal vez, podría ser pensado como el imperativo de un abismo: adentrarnos en la recuperación de una conceptualidad política que deberá ser, al mismo tiempo “reactualización” y re- apropiación en términos de los saberes implícitos en la comprensión de la vida – en- común del peronismo.En suma, La Comunidad Organizada, en tanto, democracia comunitaria, es decir, como figura compareciente de una forma singular de relación entre el plano del existente político y su relación con el todo social. Democracia, de tramas, de enclaves orgánicos en los que se reconstituye de forma distinta la relación entre el individuo y su pertenencia a la comunidad. “La vida de relación aparece como una eficaz medida para la honestidad con que cada hombre acepta su propio papel. De ese sentido ante la vida, que en parte muy importante procederá de la educación recibida y del clima imperante en la comunidad, depende la suerte de la comunidad misma.”27

24 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.184 25 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.184 26 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.156

27 Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Instituto para el Modelo Argentino, 2007, p.151


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© 2017 Cátedra libre Juan Domingo Perón.

Universidad Nacional de Rosario

Edición: Néstor A. Bauducco

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